Salimos de San Juan de Baños y recorrimos los poco más de ciento cincuenta kilómetros que separan Baños de Cerrato de la capital abulense con rapidez y con un tráfico muy escaso, que fue tomando cierta densidad a medida que nos acercábamos a nuestro destino. Ya habíamos estado un par de veces en esta ciudad, pero en ninguna habíamos conseguido hacer una visita completa a los principales monumentos de la misma. La primera tuvo lugar allá por el año 1977 volviendo del viaje de novios que nos había llevado hasta tierras compostelanas; la segunda, en el año 1995 durante el puente del Pilar, esta vez ya acompañados por nuestros hijos. Esta iba a ser, según nuestros planes iniciales, la primera visita completa y planificada a esta preciosa y coqueta ciudad que se deja abrazar por un fuerte lienzo de muralla que la rodea en su totalidad. Sin embargo, Concha ya había manifestado los primeros síntomas de su dolor de espalda a lo largo del día anterior durante nuestra visita a la capital palentina, malestar que había ido en aumento durante esa misma mañana en San Juan de Baños y que, tras el viaje, la desazón había ido apoderándose de ella a medida que el dolor iba en aumento. Habíamos alquilado un apartamento que nos había dado buena espina a la vista de las fotos que se publicitaban en la web –a pesar de tener un nombre inglés: THE LITTLE HOUSE SIR– ubicado en la calle Conde Don Ramón, dentro del recinto amurallado. Algo más de sesenta y ocho euros habíamos pagado por dormir una noche, tiempo que creíamos más que suficiente para cumplir nuestros objetivos. Pasadas las una y media de la tarde llegábamos a la dirección indicada donde nos estaba esperando el marido de la dueña del piso, reservándonos además con su coche una plaza para aparcar el nuestro prácticamente en la puerta del piso. Tras los saludos correspondientes, bajamos las maletas y subimos al apartamento que estaba situado en una primera planta a la que se accedía –único punto negativo– por una estrecha escalera. Nada más entrar, nos recibió un amplio salón presidido por un confortable sofá y una decoración sumamente refinada. A su derecha, una cocina, comunicada con la estancia, en la que incluso había unos bombones junto a una cafetera, y el cuarto de baño independiente y muy completo en cuanto a enseres y productos. A su izquierda, un amplio dormitorio con una cama bastante amplia y cómoda en apariencia. El apartamento tenía de todo: juegos para niños y mayores, libros de lectura para diversas edades, folletos explicativos de la ciudad, etc.