martes, 4 de abril de 2023

PONTEVEDRA, UNA JOYA PARA DISFRUTAR

Ruinas del Convento de Santo Domingo

Terminada la visita al Monasterio de Santa María de Armenteira, con los ojos como platos tras disfrutar de la belleza de su portada, el interior de su iglesia y el acogimiento sereno de su claustro, nos volvimos al coche para continuar la planificación del día. Ahora nos tocaba volver de nuevo a Pontevedra, ciudad de la que teníamos un muy grato recuerdo de nuestra última visita. Aparcamos el coche en el parking ubicado en la plaza de España. Algo más de las doce y cuarto de la mañana indicaba el reloj del teléfono cuando comenzamos el itinerario marcado Lo primero que nos echamos a la cara una vez que salimos del aparcamiento fue el polémico –por la temática de la obra– MONUMENTO AL SOLDADO CAÍDO, una gran cruz a cuyos pies se encuentran tres grupos escultóricos con escenas de soldados heridos o moribundos. A pocos metros se encuentra el atractivo PAZO DE LA DIPUTACIÓN PROVINCIAL, edificio de finales del siglo XIX. La fachada es la combinación de varios estilos, con una entrada tipo Arco del Triunfo, con tres puertas con arcos de medio punto. En la parte superior se encuentra un balcón corrido que, en forma de cornisa, recorre el edificio, que se remata en una cornisa moldurada algo saliente y con decoración de canalones. Unos metros más adelante se encuentran las RUINAS DEL CONVENTO DE SANTO DOMINGO, consideradas como uno de los máximos exponentes del gótico gallego, y a fe que se puede afirmar. Estos restos conservan el que en su día fue el mayor convento construido por los dominicos en Galicia: la cabecera, de cinco ábsides (excepcional en el gótico mendicante gallego que nunca pasó de tres), junto con parte del muro sur de la iglesia y la entrada al capítulo del convento. En la actualidad es uno de los seis edificios que forman el complejo del Museo Provincial de Pontevedra y dentro alberga una gran variedad de elementos de gran valor artístico e histórico: laudas gremiales, ronseles romanos, capiteles visigóticos y una completa colección de escudos heráldicos.Frente a las ruinas de este convento se ubica el MONUMENTO A LOS HÉROES DE PONTE SAMPAIO, obra del escultor ovetense Julio González Pola, que rememora la victoria frente a las tropas napoleónicas en la batalla que le da nombre y homenajea a todos los pontevedreses que lucharon con esta invisión francesa. Y esto provoca una curiosa paradoja, que no es otra que este monumento se encuentra frente a la fachada más parisina de toda la ciudad, que no es otra que la CASA DO CONCELLO ya que su autor tomó como referencia el modelo para un hôtel en París. De estilo ecléctico decimonónico, se construyó a finales del siglo XIX sobre el mismo solar que ocupaba la antigua casa consistorial. El edificio es de planta cuadrada, con dos alturas, con un frontón semicircular con decoración de flores y un reloj. Una mención especial merece la escultura de Ramón Conde que se encuentra en la parte trasera de la casa consistorial. En la Pontevedra del siglo XVI, aquí se encontraba el mercado municipal o alhóndiga. A la entrada, una persona contratada por el Ayuntamiento se encargaba de verificar pesos y medidas de la mercancía que iba a ser puesta a la venta. Era el llamado «EL FIEL CONTRASTE», un personaje crucial en la sociedad de aquellos tiempos, ya que las tarifas que se cobrarían en el mercado dependían de que él verificara adecuadamente el peso del pan o los cereales, o las medidas de vino que entraban en la alhóndiga. Enfrente de este grupo escultórico se encuentra la CASA DAS CAMPÁS (o de las Campanas), que  es considerada la construcción civil más antigua y mejor conservada de toda la ciudad. Se trata de una edificación de tres plantas con tres puertas con grandes dovelas de las cuales dos finalizan en arco conopial y la otra es plana. En la acera de enfrente se alza el TEATRO PRINCIPAL, reconstruido luego de un pavoroso incendio en 1980. Combina aspectos decorativos de los teatros del s. XIX en el exterior con un acondicionamiento más actual y moderno en el interior. Pertenece al Ayuntamiento de Pontevedra y ofrece una amplia y variada oferta cultural a lo largo de todo el año. El solar en el que se alza hoy el Teatro Principal estuvo ocupado inicialmente por la iglesia de San Bartolomé el Viejo. El teatro se construyó a mediados del siglo XIX acorde con el modelo de teatro a la italiana, con un estilo


clasicista. Al otro extremo del teatro, en la rúa Duque de Tetuán, se encuentra la CAPILLA DE LAS EMPAREDADAS, en cuyo exterior se puede observar una imagen pétrea de la Virgen, posiblemente del siglo XIII. Las llamadas Emparedadas eran personas devotas que aceptaban la reclusión voluntaria entre cuatro paredes con el fin de hacer penitencia, mantenidas por la caridad pública. Tiene una gran devoción y suele ser visitada el día del Nazareno para pedirle las tres gracias: salud, trabajo y amor.  Continuamos camino hacia la PRAZA DO TEUCRO, que recuerda la leyenda del arquero griego Teucro, medio hermano de Ayax, que, después de la Guerra de Troya, viajó a Occidente y fundó la ciudad de Pontevedra. Fue la plaza más señorial de la ciudad, y aun hoy conserva parte de las casas nobles que la rodeaban y buenos ejemplos de la riqueza heráldica de Pontevedra. Seguimos nuestro agradable paseo por la rúa Real y nos detuvimos un rato para hacer algunas fotos en la llamada FUENTE DE LOS TORNOS, que nos ofrecía un decorado muy apetecible para tal fin.  Y desde allí, a la cercana PRAZA DE MÉNDEZ NÚÑEZ, conocida antiguamente se conocía como plaza de las Gallinas debido al mercado de aves que allí se celebraba. En ella se encuentra la ESTATUA DE RAMÓN MARÍA DEL VALLE INCLÁN, uno de los más afamados componentes de la llamada Generación del 98. No obstante, los veladores y las sombrillas de los diferentes bares y restaurantes de la plaza afean y dificultan una foto en condiciones con nuestro admirado autor. 
D. Ramón María del Valle Inclán
Desde aquí, tomamos la rúa César Boente y nos dirigimos hacia el MERCADO MUNICIPAL DE ABASTOS, construido a mediados del siglo XX. Dada la hora que era, la mayor parte de los puestos estaban recogiendo el género y dejando preparado para el día siguiente el puesto. Nos resultó grato volver a encontrarnos de nuevo la escultura MENINA E AS GALINHAS ubicada frente al mercado y que ya vimos en nuestra anterior visita a la ciudad.  Después de recorrer brevemente el interior del mercado y de absorber la enorme variedad de olores que desprendía nos dirigimos hacia la cercana praza da Predreira –llamada así por las actividades de talla de piedra que aquí desarrollaban los canteros de la ciudad–  para contemplar la espléndida fachada del PAZO DE MUGARTEGUI, un edificio noble barroco del siglo XVIII, que en la actualidad es la sede del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Rías Baixas. El pazo cuenta con una sobria fachada simétrica, organizada alrededor de un eje central, con arco de entrada, balcón y frontón, y sendos cuerpos laterales. Continuamos nuestro paseo hasta llegar a la IGLESIA DE SAN BARTOLOMÉ, iglesia jesuita y uno de los pocos ejemplos que existen en Galicia del Barroco italiano. Presenta planta rectangular y de cruz latina, consta de tres naves más crucero con una capilla mayor entre dos sacristías. Su fachada es de dos pisos y tres cuerpos con seis grandes columnas dóricas sobre bases, que le otorgan ese aire de grandiosidad y verticalidad. Miramos la hora ya que el cuerpo nos iba pidiendo un descanso y así lo hicimos al llegar a la  PRAZA DA LEÑA, uno de los lugares con mayor encanto que nos encontramos en la ciudad. Es la plaza de de menor tamaño de las del centro histórico, aunque ello no es óbice para que sea uno de los emplazamientos más pintorescos, visitados y fotografiados de Pontevedra. Como muchas de las plazas de la villa que reciben su nombre de la actividad que en ellas se desarrollaba, aquí se vendía la madera y las piñas tan necesarias para alimentar los hornos y las antiguas calefacciones antes de la llegada del gas o de la electricidad. Preside el lugar un emblemático cruceiro, procedente de Caldas de Reis, que fue colocado aquí hacia 1941 por mediación de Castelao. Y fue aquí donde decidimos sentarnos a tomar un pequeño refrigerio. Encontramos una mesa libre en el BAR AS GREAS. Nos sentamos y al momento una camarera muy amable se nos acercó para preguntarnos qué íbamos a tomar. De entrada pedimos una cerveza y una clara. Para sorpresa nuestra, ambas bebidas vinieron acompañadas de dos tapas generosas de lentejas. Concha hizo el honor de comerse sendos platos. Después, yo pedí una segunda cerveza e insistí en que la tapa también fuera lentejas para que Concha terminara de comer. A la vez pedimos una ración de oreja acompañada de una generosa cesta de exquisito pan.  Finalizado el condumio, abonamos los casi dieciséis euros de la cuenta y nos dirigimos hacia la  PRAZA DA VERDURA, que debe su nombre al tradicional mercado de verduras y frutas que se celebraba en ella todas las mañanas, excepto los domingos y festivos. En el siglo XIX se instaló aquí una fábrica de la luz, en la actual CASA DA LUZ, edificio que cierra uno de los laterales de la plaza, y así Pontevedra fue una de las primeras ciudades españolas en contar con este servicio (1888). También destaca en este lugar una de las fuentes de hierro fundido colocadas a finales del siglo XIX con motivo del abastecimiento de agua corriente a la ciudad y a sus plazas. Seguimos por la rúa Conde de San Román hasta llegar a la CASA DAS CARAS, llamada así por los cuatro bustos renacentistas del siglo XVI que adornan su fachada en el piso superior. También llama la atención la balconada de gran longitud que abraza la casa por uno de sus costados y va creciendo en tamaño según permite la compleja calle en la que se sitúa. Muchos pontevedreses proponen un divertido pasatiempo: buscar entre las caras de los personajes que decoran su fachada, el sombrero, las gafas y los bigotes de un misterioso individuo que dio lugar a todo tipo de interpretaciones. Frente a la fachada de este noble edificio se abre la PRAZA DE A ESTRELA, empedrada y con una fuente central  con forma de estrella. En ella también se encuentra uno de los cafés más históricos de la ciudad: el Carabela, que abrió a sus puertas en 1946. Pegada a la anterior plaza se abre un amplio espacio que recibe el nombre de PRAZA DA FERRERÍA, una de las plazas más emblemáticas, visitadas y queridas de la ciudad y el centro neurálgico de la vida pontevedresa. Debe su nombre a las forjas que existían en sus soportales que antiguamente suministraban de metal los demás gremios de la ciudad. En uno de sus laterales se erige la afamada fuente de A Ferraría (siglo XVI), renacentista de tipo chafariz. Todo este conjunto se encuentra presidido por la potente potencia de dos edificios religiosos: la iglesia de San Francisco y la Capilla de la Peregrina. Es también donde se ubican las letras azulonas que conforman la palabra PONTEVEDRA y que sirven de fondo para las miles de fotografías que a diario se hacen en ellas los visitantes de la ciudad. La IGLESIA DE SAN FRANCISCO, de estilo gótico tardío, está construida en un elevado cerro y es una obra maestra del arte de las órdenes mendicantes que llegaron a la ciudad en la época de su primer esplendor. De su austera fachada llama a atención el gran rosetón de tracería dodecagonal y de cinco metros de diámetro. En un lateral de esta iglesia y a continuación de la plaza de la Ferrería se abre la PRAZA DE A PEREGRINA, en cuyo centro se eleva majestuosa la Capilla de la Virgen de la Peregrina con una peculiar planta con forma de vieira. La CAPELA DE LA VIRGEN PEREGRINA, construida a finales del siglo XVIII, es una de las edificaciones más simbólicas y relevantes de la ciudad ya que en ella se venera la Virgen Peregrina, patrona de la provincia de Pontevedra y del Camino Portugués a Santiago. El santuario combina formas barrocas tardías con figuras neoclásicas, y presenta su mayor peculiaridad en la planta en forma de concha de vieira (símbolo universal de los peregrinos), dentro de la cual se inscribe una cruz marcada por la cabecera y la sacristía. Supone uno de los pocos ejemplos de iglesias con planta central en Galicia. Se accede al interior a través de un pórtico sobre el que existe un pequeño coro alto. En cuanto al exterior, lo más destacado es la fachada convexa, dividida en dos cuerpos claramente diferenciados por unas cornisas voladas muy barrocas. En el cuerpo superior, en sendas hornacinas cubiertas con arcos de medio punto con forma de concha, se alojan las imágenes de la Virgen Peregrina (en el centro) y del apóstol Santiago y san Roque (en los laterales), los tres vestidos de peregrinos jacobeos, protectores de los fieles que van a Santiago de Compostela por la ruta portuguesa. Se cuenta, a modo de curiosidad, que la imagen de la Virgen es considerada como la «Manneken Pis gallega» puesto que tiene un fondo de armario muy surtido y es habitual que cambien sus atavíos. Y a pocos metros de la capilla  destaca otro de los iconos de la ciudad: la ESTATUA DEL LORO RAVACHOL, “alma del Carnaval de Pontevedra”, como reza en su base la inscripción. Se trata de una pieza hecha en hierro en el lugar donde se encontraba la botica de don Perfecto Feijoo, afamada más que por sus productos médicos por ser centro de reunión y tertulia de la Pontevedra de principios del siglo XX, y que actualmente es una oficina del Banco Santander. Asentado en la botica, al principio permanecía casi mudo, pero enseguida exteriorizó su carácter alborotador e irreverente que llevaba dentro con el vocabulario cuartelero de palabras y frases que escuchaba a su dueño y a todas las personas que pasaban por la farmacia. Conocidas y famosas son las frases que Ravachol solía pronunciar. La más frecuente era "Se collo a vara" ("Si cojo la vara)", en alusión a la que le mostró su amo amenazándolo con darle de palos, recriminando así su mal comportamiento verbal. Cuando el farmacéutico lo dejaba solo en la botica para permanecer en la trastienda, no tardaba en avisarlo: "Don Perfecto, gente en la tienda" o "Don Perfecto, parroquia". A veces jugaba a ser adivino, ofreciendo ya por anticipado la mercancía que pensaba iba a adquirir la clienta, como "Un patacón de manesia", o advirtiéndolos de que "Aquí no se fía" si el comprador tenía mal aspecto. También se despachó bien a gusto con varias figuras de la época. La propia escritora Emilia Pardo Bazán fue objeto de sus improperios después de amenazarlo por las frases groseras con que la recibió, acabando el animal por dejar salir de su pico la palabra "puta". Su muerte, en un martes de Carnaval de 1913, sorprendió al boticario, pero más le sorprendieron las masivas muestras de condolencia que llegaban a la farmacia, por lo que se organizó un gran entierro que congregó a toda la ciudad en el velatorio y en el cortejo por la ciudad. 
Finalizada la visita a la capilla nos dirigimos a buen ritmo por la rúa Soportales hacia la plaza de Curros Enríquez donde pudimos contemplar, por un lado, una de las fuentes de hierro fundido que se compraron en París a finales del siglo XIX para celebrar la traída del agua a la ciudad y, por otro,  el BUSTO DE ALEXANDRE BÓVEDA IGLESIAS, político orensano de tendencia nacionalista, fusilado al comienzo de la Guerra Civil, del que habíamos visto su casa natal cuando visitamos Orense. En ese momento nos dirigimos hacia la rúa Marqués de Riestra hasta llegar a la plaza de San José. Allí queríamos observar por un lado, el CAFÉ MODERNO, ubicado en el edificio de estilo art nouveau y modernista más importante de la ciudad que lleva el nombre de la histórica cafetería que se encuentra en la planta baja del inmueble. Actualmente es la sede de uno de los centros socioculturales de Pontevedra de Afundación. Y por otro, el grupo escultórico denominado TERTULIA DEL CAFÉ MODERNO, donde se representa la tertulia de varios intelectuales gallegos tomando café a la que asistían Carlos Casares, Paz Andrade, Bóveda, Castelao y Cabanillas y el violinista Manuel Quiroga. Y aquí fue donde, con algunos minutos pasadas las tres de la tarde, nos sentamos en la sombreada terraza del CAFÉ TRES NORTES y pedimos sendos cafés con leche acompañados de un contundente bizcocho que comimos con fruición. Un rato largo estuvimos sentados rememorando los visto a lo largo de todo el día y visualizando lo que aún nos quedaba por ver. Finalizados los café, iniciamos de nuevo la marcha hasta llegar a la rúa Juan Navarrete, donde en una amplia rotonda de la que vienen a nacer varias calles, se encuentra la llamada FUENTE DE LOS NIÑOS, donde una esculturas de niños juguetean con los chorros del agua. En este punto iniciamos el camino de regreso al casco histórico de la ciudad pues nuestra intención era llegar a la Basílica de Santa María la Mayor para poner punto y final a nuestra visita. Pasamos de nuevo por la plaza de España y las ruinas del Convento de San Francisco, continuamos por la rúa Arcebispo Malvar hasta darnos de bruces con la fachada renacentista principal de la Basílica. Subimos la escalinata para poder contemplarla más de cerca y continuamos por la parte derecha del templo para salir a la PRAZA DE ALONSO FONSECA, uno de los espacios con más encanto de la ciudad. A la fachada lateral de la basílica hay que sumarle uno de los más antiguos, conocidos y meritorios cruceiros tardomedievales con decoración gótico flamígera, procedente del puente de O Burgo. También destaca, entre las hermosas casas que vale la pena contemplar con tranquilidad de la zono, destaca el PALACETE DE LAS MENDOZA, sede del Patronato de Turismo Rías Baixas, que fue el más lujoso de su tiempo y el primero que contó con la acometida de agua corriente, hecho que justifica la presencia delante de su fachada de otra de las fuentes que a finales del siglo XIX se instalaron en la capital pontevedresa para celebrar la traída del agua a la ciudad. Posee el estilo ecléctico imperante a finales del s. XIX con elementos e inspiración en la arquitectura francesa. Y otro hito que aconseja la visita a esta plaza es la presencia en el extremo opuesto a la fachada lateral de la basílica de una ESTATUA DE CASTELAO, político, escritor, pintor, médico y dibujante, y uno de los padres del nacionalismo gallego. Eran algo más de las cuatro de la tarde y habíamos comprobado previamente que la basílica no la abrían para su visita hasta la cinco. Una primera intención fue sentarnos en alguna de las mesas de las terrazas del par de restaurantes que había en la plaza, pero nos encontramos con el problema de que ya estaban esperando que los últimos comensales finalizaran para cerrar el establecimiento. Descartada esta opción, nos decantamos por aprovechar la hora escasa que nos quedaba para la apertura del templo para terminar de visitar algunos de los edificios y monumentos que nos quedaban por ver. Así que enfilamos la rúa Alta para dirigirnos al que se considera el tercer santuario mariano más importante, después de Lourdes y de Fátima, para la religión católica, el llamado SANTUARIO DE LAS APARICIONES, ubicado en una estrecha calle del casco antiguo. Aquí profesó como postulante a partir de 1925 Sor Lucía, una de las niñas a las que se les apareció la Virgen en Fátima. Estuvo residiendo unos veinticinco años bajo la identidad falsa de Sor Dolores. Parece ser que el famoso tercer secreto de Fátima se escribió aquí, sobre un baúl que aún permanece guardado en el Santuario de las Apariciones. Casi al lado se encuentra la PRAZA DE AS CINCO RÚAS, espacio en el que confluyen algunas de las principales calles de ocio y de locales de hostelería típicos de la ciudad. Preside la plaza un hermoso cruceiro de finales del siglo XVIII. En una de las casas que la circundan  estuvo viviendo Valle-Inclán en diferentes momentos de su vida, hecho que atestigua una placa colocada en la fachada. Y desde allí, siguiendo la rúa do Barón, alcanzamos el jardín delantero y la fachada principal del PARADOR DE TURISMO, también conocido como el  Pazo del Barón de la Casa Goda, un edificio renacentista construido en el siglo XVI. Fue el primer parador instalado en Galicia. No pudimos acceder a su interior porque se encontraba cerrado a causa de estar acometiendo diversas reformas en su estructura. 
Desde este punto, desandamos el camino recorrido y, ahora sí, nos encaminamos hacia la REAL BASÍLICA DE SANTA MARÍA LA MAIOR. Fue construida en el siglo XVI por iniciativa del Gremio de Mareantes. Conjuga a la perfección las formas góticas con reminiscencias del manuelino portugués y del renacimiento. Asimismo, combina el ojival con el plateresco, lo que hace que esta basílica sea una de las más destacadas muestras del gótico isabelino de Galicia. La fachada principal se ideó como un grandioso retablo pétreo en el que las numerosas imágenes sagradas se conciben para exaltar a la Virgen María. La puerta, con un arco de medio punto, está flanqueada por las esculturas de san Pedro y san Pablo. Por encima de ella, se puede contemplar un relieve del tránsito o dormición de la Virgen María, así como esculturas de santos, evangelistas, personajes bíblicos e incluso históricos. Resulta curiosa la inclusión de las figuras de Teucro (fundador mitológico de la ciudad) junto con la del arcángel san Miguel y Hércules (héroe que simboliza la marinería pontevedresa), en la mezcla del religioso con lo profano. Hay que resaltar además una curiosa imagen de un santo, san Jerónimo, patrón de los bibliotecarios, con anteojos. La portada sita en la plaza de Alonso Fonseca tiene un arco de medio punto y decoración barroca. A la izquierda de esta puerta, está la escultura del Cristo del Buen Viaje, donde acuden los devotos para que les conceda protección en los viajes que vayan a realizar. Por lo que respeta al interior, la iglesia tiene planta basilical. Consta de tres naves, separadas por columnas, en las que se abren las capillas laterales con sus magníficas bóvedas de crucería. Y con esta visita dimos por concluida nuestra estancia en esta bellísima ciudad. Nos dirigimos hacia el aparcamiento, abonamos los casi ocho euros y comenzamos el camino de vuelta hacia Gondomar. 

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