miércoles, 5 de octubre de 2022

GUADALUPE Y SU MONASTERIO

 El día amaneció esplendido, de un azul añil radiante y con una temperatura muy agradable para la época del año en la que estábamos. Hoy era nuestro último día de estancia en La Cumbre pues algunos deberes pendientes reclamaban nuestra presencia en Torremolinos. Hoy habíamos decidido visitar por segunda vez la localidad de Guadalupe y su archiconocido monasterio. La primera, allá por 1996 en compañía de nuestros hijos, nos había dejado un buen recuerdo y decidimos repetir la experiencia. Nos levantamos temprano con las primeras claras del día. Desayunamos siguiendo nuestras rutinas: café con leche, tostadas y algo de fiambre. Y a eso de las ocho menos cuarto más o menos enfilábamos la A5 camino de nuestro destino. Esta vez confié en la elección del trayecto al navegador del coche y este me hizo recorrer algo más de treinta kilómetros, eso sí, desde La Cumbre hasta el cruce donde abandonamos la autovía, unos cincuenta kilómetros, el viaje fue más placentero. Sin embargo, a partir de aquí hasta la llegada a Guadalupe la carretera se volvió bastante sinuosa, con infinidad de subidas y bajadas, curvas y contracurvas. Al menos eso ganamos con el trayecto: algunos de los paisajes que nos devolvía el recorrido eran espectaculares, con enormes masas arbóreas derramándose ladera abajo de las lejanas sierras que delimitaban la visión. Poco antes de llegar a la localidad de  Deleitosa, a la salida de una curva, nos encontramos con una manada de cuatro o cinco ciervos que estaban en mitad de la carretera y que desaparecieron como por arte de ensalmo cuando nos vieron aparecer, pero que el susto nos lo metieron en el cuerpo. Llegamos a Guadalupe cuando pasaban pocos minutos las diez de la mañana. Aparcamos el coche en la avenida Conde de Barcelona, a pocos metros del ayuntamiento de la localidad, a cuya espalda se celebraba el tradicional mercadillo de ropa, fruta y verdura, lo que hacía que la zona se mostrara bulliciosa, con numerosas personas que iban y venían. Nosotros enfilamos la calle Gregorio López hasta llegar a la plaza de Santa María ante la que se abre con toda su magnificencia la exuberante fachada del monasterio. Tras comprobar los horarios de visita decidimos volver sobre nuestros pasos, iniciar el recorrido que teníamos planificado a los distintos edificios y monumentos de la localidad y dejar para un poco más tarde la visita a las dependencias monacales. 

martes, 4 de octubre de 2022

CUACOS DE YUSTE, PUEBLO Y MONASTERIO

Esta mañana tocaba visita a este encantador pueblo cacereño que nunca creímos que íbamos a poder visitar por la lejanía de nuestra residencia habitual, pero el hecho de disponer de un campamento base en La Cumbre nos facilitó enormemente el logro de este pequeño sueño. Nos levantamos temprano, desayunamos de manera contundente y nos echamos a la carretera dispuestos a recorrer el centenar de kilómetros nos separaban de esta villa que al fin y al cabo es la capital administrativa de la comarca de La Vera. Dos aspectos fundamentalmente motivaban nuestra visita: el primero ver in situ el típico estilo de caserío verato, propio de esta comarca, con viviendas donde se utiliza la piedra en la construcción de la planta baja utilizada como cuadra o almacén, el adobe y la madera entramada usados para el alzado de la primera planta, lugar de residencia de la familia y una segunda planta, utilizada como desván y espacio donde muchas familias secaban allí los pimientos y los jamones; y un segundo motivo que no era otro que la visita al Monasterio de Yuste, inserto en un rico entorno natural, motivo por el que el Emperador Carlos I de España y V de Alemania lo eligió como lugar donde descansar y retirarse. Conjunto Histórico Artístico. 

lunes, 3 de octubre de 2022

PLASENCIA, UNA CIUDAD DE PASADO ESPLENDOROSO

 Nos levantamos temprano dispuestos a recorrer los casi ciento veinte kilómetros que separan esta bella ciudad de La Cumbre, lugar del que partíamos. Nunca pensábamos que la íbamos a poder visitar, como otras tantas que teníamos en mente, pero que la lejanía o la mala ubicación con respecto a nuestros desplazamientos habituales lo dificultaban. Además, partíamos con un importante hándicap y es que era lunes. Es decir, la exposición de Las Edades del Hombre que se celebraba este año en esta ciudad no la podríamos visitar ya que la catedral –mejor dicho, las dos catedrales en las que se ubica, estaba cerrada. Pero además, todo el conjunto de las sedes catedralicias plasentinas también estaba cerrado porque se estaban llevando a cabo en las mismas unas pequeñas obras de restauración. Esta situación nos hizo pensar en una segunda visita a la ciudad en fechas próximas y que con toda seguridad repetiremos. Aclarada la situación, desayunamos con tranquilidad y salimos a la calle donde nos recibió un espléndido cielo azul que presagiaba un día excelente para la visita que teníamos prevista realizar cuando pasaban algunos minutos de las ocho y media. Enfilamos el coche en dirección a Cáceres y desde allí nos dirigimos hacia el norte para presentarnos en el Plasencia Parking cuando el reloj marcaba las diez y media de la mañana aproximadamente. El tráfico, escaso en esos momentos, facilitó la circulación y la rápida llegada a nuestro destino. Plasencia –que en la actualidad supera los cuarenta mil habitantes– fue fundada por Alfonso VIII, pero no por iniciativa propia, sino por deseo expreso de su esposa, Leonor de Plantagenet, hermana del Rey Ricardo Corazón de León que quedó prendada del meandro que forma el río Jerte en este lugar. Fue incluso capital de la provincia de Cáceres, cargo que consigue a mediados del siglo XIX la ciudad de Cáceres, hecho que lleva consigo la pérdida de muchas de las prebendas que había disfrutado a lo largo de los siglos. 

domingo, 2 de octubre de 2022

ROMANGORDO, EL ARTE DEL TRAMPANTOJO

Algo después de las ocho y media de la mañana eran cuando bajaba las escaleras camino del salón/cocina. Aún no se había levantado nadie y el silencio solo era roto por el continuo canto de los numerosos pajarillos que realizaban sus vuelos de instrucción mañanera. Minutos después aparecían Biel y Oliver que rápidamente se pusieron a jugar con los innumerables Superthings que juntaban entre los dos. Algo más tarde se unía el resto de los habitantes de la casa. Preparamos un contundente desayuno compuesto de café, leche, tostadas, aceite y fiambre y planificamos lo que íbamos a hacer esa mañana. Después de debatir breves momentos, acordamos que esa mañana visitaríamos una pequeña población situada casi a pie de la autovía A-5 distante unos sesenta kilómetros de La Cumbre de nombre Romangordo, que ya habían visitado con anterioridad Carlos y su familia y que les había gustado mucho. Dicho y hecho. Subimos a los coches y nos dirigimos por una autovía de muy escaso tráfico que no es otra que la que une la ciudades de Cáceres y Trujillo, circulación que aumentó progresivamente una vez nos incorporamos a la autovía que conducía a Madrid. Media hora después dejábamos los coches en un aparcamiento habilitado por el ayuntamiento frente al Centro de Interpretación de la Ruta de los Ingleses, surgida con la intención de dar conocer la batalla de la Guerra de la Independencia que tuvo lugar el 19 de mayo de 1812, en la que los franceses fueron derrotados por tropas inglesas en Lugar Nuevo (término municipal de Romangordo). La celebración tiene lugar el sábado más cercano al 19 de mayo. La ruta consta de 16 kilómetros –de dificultad media– que corresponden al último tramo del recorrido que realizaron 3.500 soldados ingleses antes de derrotar al ejército francés. Evidentemente no hicimos la ruta por falta de tiempo y porque algunos de los componentes de nuestro pequeño grupo no se encontraban motivados para ello.