lunes, 3 de octubre de 2022

PLASENCIA, UNA CIUDAD DE PASADO ESPLENDOROSO

 Nos levantamos temprano dispuestos a recorrer los casi ciento veinte kilómetros que separan esta bella ciudad de La Cumbre, lugar del que partíamos. Nunca pensábamos que la íbamos a poder visitar, como otras tantas que teníamos en mente, pero que la lejanía o la mala ubicación con respecto a nuestros desplazamientos habituales lo dificultaban. Además, partíamos con un importante hándicap y es que era lunes. Es decir, la exposición de Las Edades del Hombre que se celebraba este año en esta ciudad no la podríamos visitar ya que la catedral –mejor dicho, las dos catedrales en las que se ubica, estaba cerrada. Pero además, todo el conjunto de las sedes catedralicias plasentinas también estaba cerrado porque se estaban llevando a cabo en las mismas unas pequeñas obras de restauración. Esta situación nos hizo pensar en una segunda visita a la ciudad en fechas próximas y que con toda seguridad repetiremos. Aclarada la situación, desayunamos con tranquilidad y salimos a la calle donde nos recibió un espléndido cielo azul que presagiaba un día excelente para la visita que teníamos prevista realizar cuando pasaban algunos minutos de las ocho y media. Enfilamos el coche en dirección a Cáceres y desde allí nos dirigimos hacia el norte para presentarnos en el Plasencia Parking cuando el reloj marcaba las diez y media de la mañana aproximadamente. El tráfico, escaso en esos momentos, facilitó la circulación y la rápida llegada a nuestro destino. Plasencia –que en la actualidad supera los cuarenta mil habitantes– fue fundada por Alfonso VIII, pero no por iniciativa propia, sino por deseo expreso de su esposa, Leonor de Plantagenet, hermana del Rey Ricardo Corazón de León que quedó prendada del meandro que forma el río Jerte en este lugar. Fue incluso capital de la provincia de Cáceres, cargo que consigue a mediados del siglo XIX la ciudad de Cáceres, hecho que lleva consigo la pérdida de muchas de las prebendas que había disfrutado a lo largo de los siglos. 

Salimos a la calle topándonos con la silueta de la catedral renacentista y hacia una escalinata que salva el desnivel existente nos dirigimos. Subimos los elevados escalones que dan acceso al recinto catedralicio exterior. Con lo primero que nos encontramos fue con la portada renacentista que enmarca la mole de la llamada CATEDRAL NUEVA, que no es sino el mayor templo de Extremadura y el que tiene más cantidad de ornamentación de la comunidad autónoma. Evidentemente, estaba cerrada a cal y canto. Como datos significativos, queremos destacar que inició su construcción a finales del siglo XV y en ella participaron los arquitectos de mayor renombre de la época. En sus orígenes, se pretendía que la nueva catedral sustituyese a la antigua. Sin embargo, varios problemas fueron obstáculos para ello y se vieron obligados a paralizar sus obras en 1578, quedando la catedral vieja a medio derruir. Sus dos fachadas, como ya hemos dicho, pertenecen al Renacimiento y son de estilo plateresco. La portada principal está formada por cuatro cuerpos en los que se encuentran seis calles. La puerta, caracterizada por su ritmo cuervo, va ascendiendo a través de las bóvedas, donde le corona la fachada curva también. Desde ahí se puede vislumbrar cómo el Padre Eterno preside toda la portada y todo el espacio de la plaza. Frente a la fachada principal de la Catedral Nueva destaca la majestuosa fachada de la CASA DEL DEÁN Y DEL DOCTOR TRUJILLO, que debe su nombre al hecho de que en ella vivieron algunos de los deanes de la cercana catedral. Aunque la casa del Dean y del Doctor Trujillo parecen un mismo edificio son dos diferentes, aunque se unieron a principios del siglo XX interiormente para ser la sede del Palacio de Justicia. Aunque ambos son coetáneos. Desde esta ubicación es fácilmente distinguible la unión de las dos catedrales destacando, sobre todo, la presencia de grandes arcos ojivales cegados. Y también la coqueta FUENTE DEL CABILDO, octogonal en piedra, rodeada de naranjos que dan al conjunto una agradable sensación de frescor. Además, formando una de las esquinas de la irregular plaza de la Catedral, nos encontramos con la presencia del edificio que aloja la FUNDACIÓN CULTURAL SANTA MARÍA, anteriormente Hospital de Santa María –que estuvo en funcionamiento como tal desde el siglo XIV hasta el XX– y en la actualidad un centro rebosante de actividad cultural. Ante la fachada está la escultura del ilustre plasentino MANUEL GARCÍA MATOS, afamado folklorista, autor de una antología del folclore musical de España. Desde aquí nos encaminamos hacia la preciosa fachada románica de la CATEDRAL VIEJA, construida entre los siglos XIII y XIV en estilo románico. Este templo católico plasma de manera increíble cómo se produce la transición del estilo románico al gótico. Los fustes y los capiteles de sus columnas pertenecen al románico, mientras los arcos y los ventanales son de estilo gótico. Como ya hemos mencionado con anterioridad, la catedral vieja estaba cerrada al igual que su hermana, la catedral nueva. Al menos, sí pudimos disfrutar contemplando su fachada, un perfecto ejemplo del estilo románico, con sus arcos de medio punto y las clásicas y tradicionales arquivoltas con arcos ligeramente apuntados. Sobre estas se puede observar una hornacina que acoge una escultura tallada en piedra de la Anunciación de Nuestra Señora ante la cual aparece el arcángel Gabriel suplicante. Tras la figura del ángel se puede observar algo parecido a un motivo floral decorativo que nos es sino una sierpe que representa al mal y son las alas del ángel las que lo esconden de la vista de la Virgen. En este punto, nos giramos para encontrarnos con el PALACIO EPISCOPAL, obra iniciada en el siglo XV, a la vez que comienza la construcción de la Catedral Nueva.  Los elementos más destacados del palacio son sus partes visitables, entre los cuales están el patio en el que se puede ver el claustro renacentista de doble altura, los naranjos y los limoneros que ofrecen una reconfortante sombra y una fuente cuyo manantial de agua rompe el silencio que rodea el edificio. Desde aquí nos dirigimos por la calle del Obispo hasta llegar a la calle Trujillo, cuya suave pendiente descendimos hasta llegar a la poderosa PUERTA DE TRUJILLO, que forma parte de la muralla que en numerosas zonas aún rodea la ciudad. En la parte externa de la fachada tiene escudo de los Reyes Católicos. La parte interna de la puerta terminó convertida en la popular ERMITA DE LA SALUD, un pequeño templo barroco de principios del siglo XVIII. La ermita quedó terminada en 1723 como reza una inscripción esgrafiada que hay en la fachada. Luce una cúpula con adornos dorados y unos cuadros ovalados con los cuatro Evangelistas en cada uno de los cuatro ángulos de la Iglesia. Hay un milagro relacionado con esta Virgen. Se cuenta que el domingo 13 de julio de 1654, manó y derramó aceite la lampara, que alumbraba a la Virgen desde la noche del domingo hasta el martes siguiente. Desde ese momento, los habitantes de la ciudad y vecinos de los alrededores acudían a ella en tiempos de pestes a pedir a la Virgen salud. La Virgen no los defraudaba y hacía milagrosas curaciones devolviendo a muchos la salud, por lo que se la comenzó a llamar con este nombre. Ya de vuelta, pasamos ante la fachada de otro hermoso edificio perteneciente a la Fundación Santa María, que alberga, entre otros, el MUSEO ETNOGRÁFICO Y TEXTIL PÉREZ ENCISO. En el patio pudimos contemplar los trabajos realizados por el alumnado de Bellas Artes de la localidad. Frente a su fachada se abre un luminoso espacio escalonado de nombre Plaza de la Salud en cuyo centro se ubica la escultura de MARCELINO SAYANS CASTAÑO, que conmemora la vida y obra de uno de los hombres que mejor ha estudiado la vida de la ciudad. Continuamos nuestro paseo por la calle Blanca desde donde pudimos de nuevo contemplar la espléndida torre de la Casa del Dean y los puntiagudos adornos de los tejados de la catedral. Fue al final de esta calle que viene a morir a la plaza de San Nicolás donde se encuentran las joyas arquitectónicas plasentinas, obviando evidentemente las dos catedrales y su entorno. En primer lugar, el PALACIO DE LOS MONROY o CASA DE LAS DOS TORRES, en proceso de rehabilitación. Data del siglo XIV y es uno de los edificios señoriales más antiguos en la ciudad. En sus estancias se alojaron personajes como María de Monroy la Brava, el rey Fernando el Católico, San Pedro de Alcántara o el cardenal Bernardino de Carvajal. En la actualidad está deshabitado y con conflictos entre sus numerosos propietarios ,aunque se está trabajando en su consolidación y en darle un uso. Es curioso el nombre que recibe de Dos Torres, cuando en realidad solo existe una en la actualidad. Originariamente se trataba de dos edificios unidos en uno a través de su estructura horizontal, con dos torres cuadradas en sus extremos. La única torre visible es la norte, ya que la sur fue derribada en el siglo XIX ante los graves daños que ocasionó en ella el terremoto de Lisboa de 1755. En una esquina de esta plaza, como tratando de no llamar la atención, se abre la sobria fachada de la CASA DEL CARDENAL BERNARDINO DE CARVAJAL, con unas muy poderosas dovelas coronadas por un refinado esgrafiado en el que se disponen los escudos nobiliarios del cardenal. Al otro extremo de la plaza se yergue la maciza figura de la IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE BARI, construida en el siglo XIII, siendo considerada como una de las primeras iglesias de la ciudad. Destaca su factura tardo-románica –sobre todo, el de sus dos portadas y el campanario–, aunque su aspecto actual es gótico debido a la última restauración del siglo XV. En su interior nos acogió un señor que se ofreció a mostrarnos todos aquellos elementos destacables del templo. Así, en primer lugar, nos dirigió a una lucerna ubicada en la nave del evangelio cuyo mérito radicaba en la visibilidad del escudo nobiliario emplazado en el centro de la misma y visible desde todos los ángulos. Desde aquí nos llevó a recorrer las tres naves de bellos arcos ojivales en que se divide la planta de la iglesia. Disfrutamos viendo algunos de los retablos de muy hermosa factura y un par de capillas, una en la que se encuentra el enterramiento de Fernando de Loaisa de mediados del siglo XVI, con bóveda de crucería estrellada, y la capilla del obispo de Coria cubierta con cúpula elíptica barroca y la  estatua orante del prelado. Y como broche final, el tesoro más preciado, al menos para nosotros, una excelente pila bautismal  ubicada a los pies de iglesia. En agradecimiento a su pulcra labor le dimos un billete de cinco euros que aceptó satisfecho. Abandonamos el templo por la puerta contraria a la que habíamos entrado y nos entretuvimos un rato fotografiando los delicados capiteles románicos que decoran esta portada. Desde aquí enfilamos la calle Coria hasta llegar a la IGLESIA DE LA MAGDALENA, del siglo XIII, derruida y reconstruida a lo largo de los siglos varias veces. De la planta original del templo solo se conservan dos ábsides de los tres que tuvo. Sin embargo, no pudimos visitarla por encontrarse cerrado el recinto que la acoge –maldito lunes–. Volvimos sobre nuestros pasos y nos detuvimos en la plaza de San Vicente Ferrer para visitar la antigua IGLESIA DE SAN VICENTE DE FERRER, hoy transformada en un reconocido PARADOR DE TURISMO que se articula alrededor de un elegante claustro a cuyo alrededor se ubican las celdas de los monjes, reconvertidas hoy en cómodas habitaciones. Hicimos infinidad de fotos del entorno, complementado de un modo exquisito por una primorosa fuente de piedra que preside el espacio de la plaza. Desde aquí nos acercamos al PALACIO DEL MARQUÉS DE MIRABEL, obra del siglo XIV que aún conserva elementos góticos de esta época. En el exterior destaca la esbelta torre renacentista y el pensil, decorado con lapidas y bustos romanos. Se podía visitar el interior previo abono de la correspondiente entrada, pero no nos atrajo el contenido a visitar y dada la hora que era, íbamos ya necesitando un reconfortante descanso. Así que tomamos la rúa Zapatería buscando la Plaza Mayor. No obstante, nos detuvimos un momento en la plaza Ansano para contemplar una curiosa escultura creada por Antonio Morán y ubicada en un lateral de la misma. El nombre de la misma es ESCENA 3 y en ella podemos ver a un hombre de pie junto a otro con la cabeza enterrada en la arena. El significado de la misma, según el autor, es de total libertad por parte de quien contempla el conjunto escultórico. En esta misma plaza destaca la fastuosa fachada de almohadillado renacentista de la CASA DE LOS CARVAJAL GIRÓN, convertida en la actualidad es un hotel.  Y así fue como llegamos a la PLAZA MAYOR, centro neurálgico de la ciudad. Destacan entre sus edificios singulares la fachada del Ayuntamiento, la llamada “Casa de Chocolate”, edificio restaurado en estilo neogótico en el siglo XIX, y la que se considera como la casa más estrecha de España, un bloque de tres plantas ubicado en la esquina con la calle de los Quesos. Evidentemente nos hicimos la típica foto cogiendo la casa entre los dedos. Salimos de la plaza por la calle de San Esteban y continuamos por la calle Santa Clara hasta llegar a la austera fachada del CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN, también llamado de las DOMINICAS, que es el único convento de clausura que queda activo en la ciudad. De nuevo de vuelta hacia la Plaza Mayor nos detuvimos antes para visitar la IGLESIA DE SAN ESTEBAN, templo de origen románico con pocas modificaciones sobre su estructura. Destaca su ábside gótico y el retablo mayor plateresco-barroco. En un altar lateral se puede ver al Cristo de la Buena Muerte. También resulta curiosa la figura del Cristo de los Cordeles. Como curiosidad, en esta iglesia contrajo matrimonio el célebre poeta José María Gabriel y Galán, hecho que se conmemora con una placa de azulejos en la fachada de la misma calle. Salimos del templo y, esta vez sí, nos sentamos en una mesa bajo la sombra del arbolado de la iglesia del “gastrobar extremeño” RINCÓN AMADOR. Pedimos dos cervezas frías que nos sirvieron con prontitud y una sugerente tapa de pollo frito. Como era de esperar, la cerveza a mí me duró poco y pedí una segunda que esta vez vino acompañada de una generosa tapa de patatas bravas. Pocos minutos pasaban de las una de la tarde. 

Tras este breve descanso nos encaminamos hacia el PALACIO MUNICIPAL que, aunque presenta el aspecto de un edificio medieval, en realidad se trata de la reconstrucción llevada a cabo en los años 60 en la que se trató de recobrar la estructura y la fachada que el consistorio tenía en el siglo XVI. La principal curiosidad de su fachada radica en su torre del Reloj y el autómata situado sobre la misma, conocido como “Abuelo Mayorga” y que es uno de los símbolos de identidad de la ciudad. Desde aquí nos dirigimos por la calle Los Quesos donde vimos la refinada fachada de la CASA DE LOS TOLEDO BARRANTES, edificio del siglo XV, que mantiene el enrejado típico de forja en las ventanas inferiores, así como una balconada de estilo italiano en la parte superior. Muy cerca de esta destaca la preciosa fachada de estilo herreriano de la CASA DE LOS GRIJALVA ALMARAZ, una de las muestras más típicas de la arquitectura del siglo XVII que se conserva en la ciudad. A modo de curiosidad, habíamos leído que este edificio es el que representa a Plasencia y la Provincia de Cáceres en el parque temático del Pueblo Español de Barcelona. Continuamos nuestro paseo por la calle Sancho Polo donde pudimos contemplar la bellísima fachada de la CASA DE LAS INFANTAS, otra de las casas señoriales de los siglos XVI y XVII que hoy en día acoge uno de los centros educativos de la ciudad. Esta casa tiene una portada con dovelas y un mascarón en la clave central del arco de medio punto sobre la puerta, que simboliza al “hombre verde”, dios mitológico de origen celta que representa a la muerte y resurrección de la naturaleza. Esta calle finaliza en la plaza donde se encuentra la IGLESIA DE SAN SALVADOR, una de las parroquias primigenias de la ciudad, con una portada mayor es sencilla con arco apuntado y tres arquivoltas, sin decoraciones. Casi enfrente, cerrando una esquina de este irregular espacio se encuentra el CONVENTO DE LAS CARMELITAS DESCALZAS. Continuamos callejeando por esta zona repleta de callejuelas y callejas hasta llegar a la PUERTA DEL SOL, que forma parte del recinto amurallado de la ciudad. Traspasado el arco nos dirigimos hacia la plaza triangular que alberga, por un lado, las letras con el nombre de Plasencia, reclamo turístico para ser inmortalizado en la correspondiente foto, y, por otro, la ESTATUA ECUESTRE DE ALFONSO VIII, erigida con motivo del octavo centenario de la fundación de la ciudad. Es obra del escultor extremeño García Olivares. Y desde aquí enfilamos la calle Alfonso VIII para recoger el coche. Abonamos los cinco euros que habíamos consumido por el aparcamiento y definitivamente pusimos dirección a nuestra residencia en La Cumbre. Evidentemente, nos quedaba otra visita pendiente a esta coqueta ciudad que no pudimos ver en su totalidad. Seguro que volveremos. 


 


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