Esta mañana tocaba visita a este encantador pueblo cacereño que nunca creímos que íbamos a poder visitar por la lejanía de nuestra residencia habitual, pero el hecho de disponer de un campamento base en La Cumbre nos facilitó enormemente el logro de este pequeño sueño. Nos levantamos temprano, desayunamos de manera contundente y nos echamos a la carretera dispuestos a recorrer el centenar de kilómetros nos separaban de esta villa que al fin y al cabo es la capital administrativa de la comarca de La Vera. Dos aspectos fundamentalmente motivaban nuestra visita: el primero ver in situ el típico estilo de caserío verato, propio de esta comarca, con viviendas donde se utiliza la piedra en la construcción de la planta baja utilizada como cuadra o almacén, el adobe y la madera entramada usados para el alzado de la primera planta, lugar de residencia de la familia y una segunda planta, utilizada como desván y espacio donde muchas familias secaban allí los pimientos y los jamones; y un segundo motivo que no era otro que la visita al Monasterio de Yuste, inserto en un rico entorno natural, motivo por el que el Emperador Carlos I de España y V de Alemania lo eligió como lugar donde descansar y retirarse. Conjunto Histórico Artístico.
Subimos al coche y enfilamos la A5 hasta llegar a la altura de Navalmoral de la Mata donde nos desviamos en dirección a Cuacos por una carretera de buen firme pero con un trazado irregular. El paisaje cuajado de encinas lucía espectacular. Atravesamos la sinuosa travesía de Jaraíz de la Vera y poco antes de las diez de la mañanas aparcamos en la avenida de la Constitución, en un descampado asfaltado a pie de carretera cerca del Hotel Abadía de Yuste. Bajamos la pequeña pendiente por la travesía de Luis Quijada hasta llegar a la coqueta PLAZA DE JUAN DE AUSTRIA, que tiene la singularidad de tener forma de anfiteatro, con un escenario abierto donde se realizan obras teatrales y conciertos en las festividades de la villa, y un pequeño graderío donde poder sentar a los espectadores. Una de las paredes del escenario presenta un colorido mural donde se alude a la elaboración del afamado pimentón de la Vera. Es una plaza preciosa donde, además, se pueden ver edificios de arquitectura popular de La Vera. Caminando hacia la derecha del escenario nos encontramos con la sede de la Mancomunidad Intermunicipal de la Vera, que ocupa la vivienda de la conocida como CASA DE JEROMÍN, hijo ilegítimo de Carlos V, que en sus últimos días de vida hizo que llevaran al niño a la villa para así conocerle y reconocerlo como hijo. Delante de la fachada de esta casa se encuentra un BUSTO DEL REY CARLOS V. El nombre de la plaza le viene dado por el ilustre habitante de esta vivienda que con el devenir del tiempo dejó el nombre de Jeromín para ser conocido como don Juan de Austria, un importante militar español del siglo XVI. A la espalda del escenario se ubica la FUENTE DE LA HIGUERA, construida sobre una roca, de tres chorros y de donde actualmente sigue emanando agua. Continuamos nuestro paseo por la calle Entrefuentes hasta llegar a la PLAZA DE ESPAÑA, presidida por el Ayuntamiento, construido en 1896, en cuya fachada se encuentra el reloj que anteriormente estuvo en la torre de la iglesia. Es una plaza rectangular, en parte porticada, construida entre los siglos XVI y XVIII donde desembocas varias calles de toda la localidad. En el centro hay una pequeña fuente, de nombre FUENTE DE LA PLAZA, construida en 1874. Es aquí donde podemos ver numerosos ejemplos de las casas veretas características de esta zona. Continuamos por la calle Teodoro Perianes que alberga la elegante fachada de la CASA DE RAFAEL CASTAÑO, levantada en el siglo XVI en estilo renacentista y que perteneció al escribano del pueblo. Continuamos por esta misma calle hasta desembocar en la plaza de la Iglesia que, como su nombre indica, está presidida por la IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN, que es uno de los templos más complejos e interesantes de la comarca, por conservar restos pertenecientes a estilos muy diferentes que le conceden cierta originalidad dentro de las construcciones religiosas de La Vera. Presenta una portada de reminiscencias románicas con arquivoltas decoradas por bolas y unos capiteles a ambos lados bastante deteriorados. Su aspecto exterior deja bastante que desear, sobre todo la torre que corre grave peligro a consecuencia de unas profundas grietas existentes en su cara meridional. No pudimos disfrutar del interior de la iglesia porque se encontraba cerrada. Iniciamos el camino de vuelta hacia el coche por la calle Gabriel y Galán hasta llegar al lugar más encantador de la villa para nosotros: la FUENTE DE LOS CHORROS. Se encuentra enclavada en la plaza a la que da nombre, en el conocido como Barrio Viejo de Cuacos. Se trata de una fuente cuyo origen se remonta a comienzos del siglo XVI y que se mantiene en un perfecto estado de conservación. De ella habíamos leído algunas curiosidades, tales como que el agua que mana de sus chorros procede directamente de la cercana sierra donde se encuentra el Monasterio de Yuste; y que las piedras de sus bordes están tan desgastadas porque, según parece, se usaban para afilar las herramientas y aperos de labranza de sus vecinos. No obstante, también hay otra explicación, que asegura que las hendiduras en la piedra son propias del desgaste de tantos siglos soportando el peso de los cántaros de agua.
Una vez en el coche nos dispusimos a visitar el afamado Monasterio. Justo al comienzo de la carretera paisajística que conduce al mismo, aparcamos un momento para contemplar el MONUMENTO A CARLOS V, obra de reciente construcción donada por la Asociación de Alcaldes del V Centenario, en colaboración con el escultor y pintor mejicano Carlos Terres. En él podemos ver al Emperador de medio cuerpo, y abrazando a personajes muy importantes para la historia de Europa y América, con el toisón de oro y en el pecho y las palabras plus ultra. Estos personajes son: Magallanes, Juan Sebastián Elcano, Pizarro, Hernán Cortés, Doña Marina "la malinche", Cuahutemoc, Moctezuma, Juan de Austria, el Padre Olmedo, Fray Bartolomé de las Casas, Fray Toribio de Benavente y un sacerdote maya. Una escultura llena de simbolismo de las relaciones entre los continentes. Tras la correspondiente sesión fotografía iniciamos el ascenso hasta las instalaciones monásticas. Casi a mitad de camino nos sorprendió la presencia de conocido como CEMENTERIO ALEMÁN. Al igual que otros muchos turistas nos preguntamos qué hace un camposanto de tumbas de un país extranjero en este recodo de La Vera. La respuesta la obtenemos nada más acceder al lugar. Se trata de un cementerio militar donde hay enterrados nada más y nada menos que veintiséis soldados de la I Guerra Mundial y ciento cincuenta y cuatro de la II Guerra Mundial. En 1983 la embajada alemana en España inauguró este cementerio en el cual reposan los restos de militares germanos fallecidos en territorio español, en su mayoría tripulantes de aviones caídos o derribados, submarinos u otros navíos hundidos para su desgracia. Todas las sepulturas son idénticas, cruces de granito oscuro con inscripciones que indican el nombre y apellido del soldado, su categoría militar, así como su fecha de nacimiento y muerte. Llama la atención la juventud de la mayoría de los mismos, siendo mayoritariamente de poco más de veinte años. Terminamos de recorrer la escasa distancia que nos separaba del MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO DE YUSTE y aparcamos en una amplia explanada irregular carente en algunas zonas de asfalto frente al cenobio, pero con enormes eucaliptos que proporcionaban una placentera sombra que se agradecía. Accedimos por un arco de entrada al recinto y recorridos una pequeña zona ajardinada hasta donde se encontraba la recepción de visitantes y venta de entradas. Adquirimos dos pases de tarifa reducida por un precio de ocho euros y con ellos nos encaminamos a iniciar la visita. Creo que ya hemos dicho que este monasterio es conocido, sobre todo, por ser la última morada del Emperador Carlos V, el lugar que eligió para descansar y meditar tras un reinado lleno de guerras y conflictos políticos y religiosos. Residió en el Monasterio de Yuste desde principios de 1557 hasta su muerte, a finales de 1558. El monasterio tuvo su origen en un pequeño cenobio construido en 1407 y en el que vivían inicialmente unos pocos ermitaños. Con el paso del tiempo fue aumentando el número de monjes, que finalmente se acogieron a la Orden de San Jerónimo. El edificio original sufrió numerosas reformas, inicialmente para ampliar las diferentes dependencias de los monjes y posteriormente para construir la casa palacio que serviría de residencia al emperador. A comienzos del siglo XIX, durante la invasión francesa, el Monasterio de Yuste fue abandonado por los monjes Jerónimos y sufrió numerosos daños. Con la desamortización de Mendizábal se subastó el edificio y fue utilizado para tareas agrícolas y ganaderas. El estado de abandono continuó prácticamente hasta mediados del siglo XX. En 1931 es declarado Monumento Histórico Artístico y en 1949 comenzaron las labores de rehabilitación, intentando respetar en la medida de lo posible la estructura original de los edificios. Unos años más tarde vuelve la Orden de San Jerónimo. Un aspecto negativo de la visita es que en el interior de los recintos –iglesia y residencia palaciega del emperador– no está permitido el uso de cámaras, sólo en las zonas exteriores como los claustros o los jardines, prohibición a la que cada vez le encuentro menos sentido. El recorrido comenzó por la IGLESIA, templo tardogótico del siglo XV con reformas renacentistas. Presenta una única nave de cuatro tramos, cubierta con bóveda de crucería estrellada y rematada por una cabecera poligonal. Su altar se encuentra elevado del resto del templo y en él destaca un retablo de Juan de Herrera que tiene una copia del Juicio Final de Tiziano. En el coro hay una puerta por la que se accede directamente a las habitaciones del emperador, así podía asistir a misa sin moverse de su habitación cuando su estado de salud y su gota no se lo permitían. Un vigilante jurado no cejaba en su empeño de impedir cualquier intento de coger el móvil para hacer alguna instantánea y observaba con mirada fija las tres parejas que en esos momentos nos encontrábamos en el interior del templo. Por una puerta lateral, finalizada la visita, accedimos al CLAUSTRO GÓTICO del siglo XV, construido en la misma época que la iglesia. Es un claustro rectangular, de dos pisos. Los arcos carpaneles son muy amplios y se asientan sobre pilares cilíndricos. El patio interior tiene en la actualidad un jardín con una fuente en el centro. Aquí sí pudimos desempolvar la cámara de nuestro móvil para inmortalizar el momento. Desde allí, a través de una crujía pasamos al CLAUSTRO PLATERESCO de estilo renacentista. Es más amplio y luminoso que el claustro gótico. Tiene dos pisos. En el piso inferior los arcos son de medio punto, mientras que en el piso superior son arcos rebajados. Los arcos se apoyan sobre columnas renacentistas con capiteles ornamentados con diferentes emblemas y escudos. El patio tiene un jardín muy bien cuidado en el que crecen algunos cipreses. En el centro del patio hay una fuente de piedra. Desde este mismo patio se accede a la CRIPTA, construida bajo el suelo de la cabecera de la iglesia y donde debería encontrarse la sepultura del emperador. Sin embargo, sus restos descansaron un corto periodo de tiempo detrás del altar mayor del presbiterio, ya que su hijo, Felipe II, ordenó su traslado al recién construido Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial. Otra dependencia de este patio plateresco es el REFECTORIO, sala estrecha rectangular a cuya entrada se exhiben una pequeña muestra de piezas cerámicas de Talavera. También junto a la entrada hay una fuente del siglo XVI con surtidor en forma de columna. Destacan asimismo un púlpito de yesería de imitación mudéjar realizado en los años 50 del siglo pasado. Y desde allí pasamos a la visita final, la CASA-PALACIO DE CARLOS V, edificio muy sencillo, de planta rectangular, construido en ladrillo y mampostería fundamentalmente, y sin apenas elementos decorativos. Está adosado a la parte sur de la estructura de la iglesia. El palacio tiene dos plantas principales, cada una de ellas con cuatro habitaciones separadas por un corredor. Al piso superior, donde se encontraban las habitaciones del monarca, se podía acceder por medio de una gran rampa situada al oeste, lo que permitía al emperador llegar directamente a caballo dado su deteriorado estado de salud. Esa planta tenía dos habitaciones interiores (la alcoba del emperador, desde donde podía seguir la misa desde su cama, sin necesidad de bajar hasta la iglesia, y una sala auxiliar) de las que se conserva parte del mobiliario original y dos habitaciones exteriores que daban a los jardines, que se utilizaban como comedor y sala para audiencias. Todas las estancias eran muy sobrias, con una decoración muy sencilla. Aquí quisimos hacernos los valientes y fuimos pillados con las manos en la masa. Al acceder a la primera estancia del palacio, el vigilante, tras indicarnos que no se podían hacer fotos, nos dejó solos y se fue a la terraza exterior. Fue en ese momento cuando saqué el móvil para conseguir algunas imágenes, de la habitación y de su mobiliario. No había hecho más de dos cuando el vigilante apareció para conminarnos a desistir de nuestro empeño. No nos habíamos dado cuenta de que había cámaras interiores que captan a los visitantes y habíamos sido cogidos in fraganti. Finalmente, salimos a otra galería porticada de influencia italiana con una fuente y un busto del emperador como elementos decorativos, desde donde arrancaba la rampa que daba acceso a los JARDINES DEL PALACIO, diseñados para asemejarse a los que tenía la casa natal del monarca en Gante. El agua es uno de los elementos protagonistas con el estanque principal que se conserva en la actualidad. Estos jardines no sólo tenían un carácter ornamental, sino que además servían como huertos de verduras, plantas medicinales y árboles frutales.
Finalizada la visita, emprendimos camino de vuelta pasando por delante de la fachada principal de la iglesia. Eran casi las una de la tarde cuando abandonábamos este cautivador enclave monástico. En el camino de vuelta, repostamos en la estación de servicio El Pocito, ubicada a escasos kilómetros, una vez pasado Jaraíz de la Vera, que en el viaje de ida habíamos visto que presentaba un cartel con buenos precios para llenar el depósito de carburante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario