Teníamos por segundo día consecutivo la jornada matutina plenamente libre. Los niños con actividades, Víctor tenía trabajo toda la mañana y Ana ya tenía preparada la comida de mediodía. Así que con esas perspectivas decidimos acercarnos a alguna localidad cercana a Gondomar para conocerla. Nos levantamos con calma y preparamos un desayuno ligero en casa. La mañana que se nos presentaba ante la vista anunciaba un día radiante de sol y una temperatura muy agradable. Cogimos el coche y bajamos en busca de los nietos, Levy y Chloe, a los que tenía que llevar al pabellón polideportivo donde tenían toda la mañana cubierta de actividades. Concha, mientras, se quedó en el piso para preguntar si era necesario realizar alguna compra. Dejados los nietos y recogida Concha, enfilamos en dirección a A Guarda (La Guardia, en castellano), una villa marinera fronteriza con Portugal donde viene a morir del padre de todos los ríos gallegos, el Miño. Habíamos leído que en este pueblo casi todo gira en torno al mar y la pesca, ya que muchos de sus habitantes trabajan en empresas vinculadas al mar, ya sea como mariscadores, pescadores, redeiras u otros oficios. 
Monumento al pescador
