Algo después de las ocho y media de la mañana eran cuando bajaba las escaleras camino del salón/cocina. Aún no se había levantado nadie y el silencio solo era roto por el continuo canto de los numerosos pajarillos que realizaban sus vuelos de instrucción mañanera. Minutos después aparecían Biel y Oliver que rápidamente se pusieron a jugar con los innumerables Superthings que juntaban entre los dos. Algo más tarde se unía el resto de los habitantes de la casa. Preparamos un contundente desayuno compuesto de café, leche, tostadas, aceite y fiambre y planificamos lo que íbamos a hacer esa mañana. Después de debatir breves momentos, acordamos que esa mañana visitaríamos una pequeña población situada casi a pie de la autovía A-5 distante unos sesenta kilómetros de La Cumbre de nombre Romangordo, que ya habían visitado con anterioridad Carlos y su familia y que les había gustado mucho. Dicho y hecho. Subimos a los coches y nos dirigimos por una autovía de muy escaso tráfico que no es otra que la que une la ciudades de Cáceres y Trujillo, circulación que aumentó progresivamente una vez nos incorporamos a la autovía que conducía a Madrid. Media hora después dejábamos los coches en un aparcamiento habilitado por el ayuntamiento frente al Centro de Interpretación de la Ruta de los Ingleses, surgida con la intención de dar conocer la batalla de la Guerra de la Independencia que tuvo lugar el 19 de mayo de 1812, en la que los franceses fueron derrotados por tropas inglesas en Lugar Nuevo (término municipal de Romangordo). La celebración tiene lugar el sábado más cercano al 19 de mayo. La ruta consta de 16 kilómetros –de dificultad media– que corresponden al último tramo del recorrido que realizaron 3.500 soldados ingleses antes de derrotar al ejército francés. Evidentemente no hicimos la ruta por falta de tiempo y porque algunos de los componentes de nuestro pequeño grupo no se encontraban motivados para ello.




