miércoles, 7 de junio de 2017
VIENA (1): VIAJE DESDE BUDAPEST, KARLPLATZ, MUSIKVEREIN, PALAIS BELVEDERE, STADPARK, STAATSOPER, CAFÉ SACHER
lunes, 5 de junio de 2017
BUDAPEST (3): PUENTE DE LAS CADENAS, PARLAMENTO, CASTILLO DE BUDA, IGLESIA DE MATÍAS, PASEO EN BARCO
domingo, 4 de junio de 2017
BUDAPEST (2): GRAN SINAGOGA, SZIMPLA KERT, PUENTES DE LA LIBERTAD Y ELISABETH, PASEO NOCTURNO
BUDAPEST (1): VUELO DE IDA, BASÍLICA DE SAN ESTEBAN, PLAZAS DEL PARLAMENTO Y DE LOS HÉROES Y AVENIDA ANDRASSY
domingo, 2 de abril de 2017
ALLARIZ, ROMÁNICO, GRANITO Y COMERCIO
sábado, 1 de abril de 2017
ORENSE Y SU MARAVILLOSO PÓRTICO DEL PARAISO
PORTOMARÍN: UNA MARAVILLA EN EL CAMINO DE SANTIAGO
viernes, 31 de marzo de 2017
LUGO, ALGO MÁS QUE SU MURALLA ROMANA
Habíamos salido de Mondoñedo en torno a las once de la mañana con el cielo encapotado, pero sin amenaza de lluvia clara. Había poco tráfico en la autovía y recorrimos con prontitud los algo más de ochenta kilómetros que nos separaban de nuestro siguiente destino. Pasadas las once y media aparcamos provisionalmente delante del HOTEL ESPAÑA, sito en la rúa Vilalba, pegadito a la espectacular muralla romana que rodea la ciudad de LUGO. Dormir esa noche nos iba a costar treinta y cinco euros. Bajamos las maletas y subimos a recepción. Allí una chica muy amable nos informó de la dificultad de aparcar en la zona y nos recomendó llevar el coche al Aparcamiento Ramón Ferreiro que estaba en la rúa Salvador de Madariaga porque nos resolvía el problema del vehículo por un precio bastante económico: 3,75 euros por veinticuatro horas. Pero no todo iba a ser maravilloso: las veinticuatro horas eran naturales –el día finaliza a las doce de la noche–, así que tuvimos que pagar siete euros y medio por dos días de aparcamiento ya que teníamos previsto irnos al día siguiente camino de Portomarín y Orense.
MONDOÑEDO, CUNQUEIRO Y SU CATEDRAL
jueves, 30 de marzo de 2017
RIBADEO, CIUDAD INDIANA Y MARINERA
Poco antes de las una abandonábamos la Playa de las Catedrales en dirección a Ribadeo donde, tras recorrer los poco más de diez kilómetros que separan ambos lugares, llegamos alrededor de las una y cuarto. Llevábamos una sensación extraña, como de haber visitado un lugar extraterrestre, donde las enormes rocas emergen poderosas libres del mar que las engulle dos veces al día al ritmo de las mareas. El caminar por la firme arena que el agua deja al descubierto, el contemplar la gran cantidad de vida a través de los incontables criaderos de percebes, mejillones y lapas marinas que se adhieren salvajemente a las rocas, el maravillarse con la sólida presencia de los arbotantes naturales que ha moldeado el mar con infinita paciencia monacal, el caminar envuelto en la más absoluta soledad por este onírico paisaje… todo ello nos creó una sensación increíble de bienestar interno que ya no abandonamos a lo largo de todos los días que nos restaban de viaje. Una vez llegamos a Ribadeo, nos dirigimos a la Plaza de España, también llamada Plaza do Campo, donde se encontraba el hotel que habíamos seleccionado para dormir esa noche. Era el HOSTAL LINARES, establecimiento que tiene una cafetería en su planta baja donde, además de las consabidas tostadas, ofrece churros a sus clientes para desayunar. Además de la larga barra atendida por diligentes camareros, tiene dos salones, uno exterior y otro interior que estaban bastante animados la tarde que llegamos tras finalizar nuestra visita a la ciudad. Pagamos treinta y cuatro euros por la habitación, ubicada en la primera planta del edificio –agradecimos enormemente que hubiera ascensor–. La habitación nos resultó un poco pequeña, aunque no agobiante. Una buena cama y mucha limpieza eran sus características principales. A esto había que añadirle que el balcón que teníamos se abría directamente a la Plaza de España desde donde se podían observar todos los edificios importantes que la circundan. Una vez que depositamos las maletas en la habitación y nos refrescamos un poco, nos echamos de nuevo a la calle donde comenzamos la visita a la villa pasadas ligeramente las una y media de la tarde.
PLAYA DE LAS CATEDRALES: UNA OBRA DIVINA DEL MAR Y DEL VIENTO
LA CORUÑA, DOS LUJOS AL ALCANCE DE LA MANO: LA CIUDAD VIEJA Y SU MARINA.
miércoles, 29 de marzo de 2017
SANTIAGO DE COMPOSTELA: VUELTA AL PARAISO
Habíamos planeado que, en vez de volver directamente desde Gondomar a Bailén, haríamos un pequeño tour por las capitales gallegas que aún no habíamos visitado: la política –Santiago– y las administrativas –A Coruña, Lugo y Orense–, con paradas intermedias en otras localidades que considerábamos interesantes para girar una visita a su abundante oferta cultural, como Ribadeo, Mondoñedo, Portomarín o Allariz. Por ello, la noche anterior dejamos el coche cargado con el equipaje y listo de gasolina para iniciar nuestro viaje sin dilación alguna. Nos levantamos muy temprano y salimos en silencio de la casa de Alfonso e Irene tratando de no despertarlos. Bajamos las escaleras y nos montamos en el coche que estaba mirando hacia la puerta de salida de la finca. No eran todavía las ocho de la mañana cuando ya rodábamos camino de la autovía que nos llevaría hasta Santiago de Compostela, donde rememoraríamos la visita que giramos a esta ciudad en 1977 con motivo de nuestro viaje de bodas. Aquí pernoctamos tres noches en el Hotel Peregrino, un cuatro estrellas situado en la avenida Rosalía de Castro, a poco más de un kilómetro del centro santiagués, del que en algún momento haré una pequeña reseña relacionada con aquel entrañable viaje. Llegamos a Santiago cuando pasaban pocos minutos de las nueve de la mañana, después de haber recorrido los ciento quince kilómetros aproximados que separan ambas localidades y abonado una cantidad cercana a los diez euros en concepto de peaje en la autopista AP-9 que habíamos tomado con la intención de hacer el viaje más corto y cómodo. Una vez en Santiago callejeamos un rato hasta llegar a la Plaza de Galicia donde dejamos el coche en el Interparking Plaza Galicia. Una vez que salimos a la calle, lo primero que hicimos fue buscar un establecimiento donde poder desayunar, pues aún no lo habíamos hecho. Para ello, nos dirigimos al CAFÉ BAR EL MUELLE situado en la misma plaza donde habíamos aparcado el coche, nos sentamos en una mesa del interior y pedimos un café con leche, una infusión para Concha y churros para los dos.