miércoles, 7 de junio de 2017

VIENA (1): VIAJE DESDE BUDAPEST, KARLPLATZ, MUSIKVEREIN, PALAIS BELVEDERE, STADPARK, STAATSOPER, CAFÉ SACHER

Amaneció en Budapest un día perfecto con el sol brillando en todo su esplendor. Nos levantamos a las seis de la mañana para tener tiempo suficiente de preparar las maletas, darle un repaso total al apartamento para no dejarnos nada olvidado y, por último, desayunar en el apartamento y dejarlo todo recogido, cosa que Zoltan, propietario del piso al que no tuvimos el honor de conocer, nos agradeció muy efusivamente en su valoración positiva en AIRB&B. Nos íbamos contentos porque, por un lado, Budapest nos había encantado, y, por otro, habíamos visto por primera vez al Real Madrid ganar una Champion League frente a la Juventus en un partido retransmitido desde una televisión húngara y comentado en ese mismo idioma. Salimos a la calle y nos dirigimos hacia la plaza Déak Ferenc donde buscamos la línea 2 que nos llevaría hasta Keleti Pályaudvar, estación de metro que comunica físicamente con la estación de tren de BUDAPEST-KELETI. Los billetes los habíamos comprado desde España por internet, pero había que canjear la compra que llevábamos impresa en un folio por los billetes válidos, cosa que habíamos hecho el día de antes de irnos camino de Viena. Nos habían costado cincuenta y dos euros, precio que incluía dos billetes de ida a Viena y dos billetes de vuelta a Budapest. Una vez en la estación, preguntamos a varios empleados del ferrocarril por el andén donde se colocaría nuestro tren y nadie supo respondernos. Como último recurso nos acercamos a la oficina de información y allí nos indicaron que el tren estaba en el andén número cinco y hacia allí nos dirigimos. Buscamos nuestro vagón y nuestros asientos y colocamos nuestras maletas en las repisas superiores. No habían pasado tres minutos de las 8:40, hora en que tenía prevista su salida el tren cuando ya estábamos en marcha. Nos acomodamos en nuestros asientos para disfrutar del recorrido que tenía una duración aproximada de algo más de dos horas y media. Al rato pasó un revisor pidiendo billetes y al llegar a la frontera con Austria pasaron un par de policías con otro revisor pidiendo de nuevo los billetes.

lunes, 5 de junio de 2017

BUDAPEST (3): PUENTE DE LAS CADENAS, PARLAMENTO, CASTILLO DE BUDA, IGLESIA DE MATÍAS, PASEO EN BARCO

Último día que pasábamos en la ciudad. Amaneció con un cielo radiante y una temperatura totalmente veraniega. Hoy tendríamos que pasear con ropa fresca y buscando, cuando fuera posible, la sombra. Nos despertamos muy pronto, en torno a las siete de la mañana, y rápidamente nos pusimos a preparar el desayuno. Unos cafés con leche, algunos pasteles y unas tostadas con algo de fiambre por encima. Recogimos la cocina, terminamos de vestirnos y asearnos y nos dispusimos a salir a cumplir la planificación prevista. Cinco visitas esenciales nos esperaban: el puente de las Cadenas, el Parlamento, el Castillo, la iglesia de Matías y el paseo nocturno en barco. Hoy, al contrario de los dos días anteriores, pasaríamos la mayor parte de la jornada en la ciudad de Buda. Salimos del apartamento a las ocho y cuarto y enfilamos hacia la Erzsébet tér para continuar por la Jozsef Attila utca hasta llegar al río Danubio. Nos acercamos para contemplar la estatua de Roskovics Ignac, ubicada en el muelle, frente al Castillo, muy cerca de las estatuas de la Pequeña Princesa y de la Niña con Perro. Roskovics ignac fue un importante pintor húngaro. Aquí estaba representado en plena acción de pintar un cuadro que descansaba sobre un caballete. A nuestras espaldas, se alzaba magnífica la fachada del PALACIO GRESHAM, situado frente al Puente de las Cadenas.

domingo, 4 de junio de 2017

BUDAPEST (2): GRAN SINAGOGA, SZIMPLA KERT, PUENTES DE LA LIBERTAD Y ELISABETH, PASEO NOCTURNO

Nuestro segundo día en Budapest amaneció radiante, con un limpio cielo azul que auguraba un buen día de calor. De hecho, saldríamos a la calle de verano: pantalón corto y camiseta. Nos levantamos temprano, preparamos el desayuno y nos organizamos para salir a visitar lo que teníamos planificado. Así, a las ocho y media ya estábamos viendo la blanca fachada del hotel Ritz Carlton en la Erzsébet tér. Giramos a la izquierda por Király utca hasta llegar a la Sinagoga Rumbach, construida en un espléndido estilo morisco que recuerda un poco a la Alhambra, aunque presentaba un aspecto un poco decadente y abandonado en algunas zonas de su fachada. Desde allí nos dirigimos a la GRAN SINAGOGA. Es la segunda sinagoga más grande del mundo, después de la de Nueva York. Tienen en ella cabida tres mil personas, mil quinientos hombres en la nave del edificio y otras tantas mujeres en los palcos laterales de la primera y segunda plantas. Pagamos 4.000 florines por las dos entradas con visita guiada, al cambio casi catorce euros. Junto con la entrada me dieron a mí, como hombre, un gorrito de cartón con una horquilla para cubrirme la cabeza; las mujeres no lo necesitan. Resulta chocante que en el precio de la entrada va incluida la visita y la posibilidad de hacer fotos y vídeos. Nuestro error fue no haber realizado la gestión de las entradas por internet porque estuvimos más de una hora esperando en la fila para poder comprar las entradas. Es conocida como la sinagoga católica ya que su decoración recuerda mucho a la de una iglesia y además tiene dos púlpitos y un altar. El guía argentino que correspondió a los visitantes españoles fue una persona con mucha empatía, que supo ganarse el grupo a base de contar anécdotas graciosas. La sinagoga es hermosa, muy luminosa y bellísima en cuanto a su decoración de techos y paredes. Cuenta con dos grandes lámparas magnificas en la nave central, amén de otras mucho más pequeñas.

BUDAPEST (1): VUELO DE IDA, BASÍLICA DE SAN ESTEBAN, PLAZAS DEL PARLAMENTO Y DE LOS HÉROES Y AVENIDA ANDRASSY

Iba a ser nuestro segundo viaje al extranjero como jubilados. Teníamos previsto visitar Budapest y Viena y dedicarle tres o cuatro días a cada ciudad. Rompíamos el triángulo que conforman con Praga, donde ya habíamos estado en viaje anterior. Después de ver las posibles visitas, decidimos que tres días serían suficientes para ver lo más representativo de Budapest y cuatro para Viena, teniendo en cuenta que la tarde del último día la íbamos a dedicar a viajar de nuevo a Budapest. También pensamos que una buena fecha para viajar sería a comienzos del mes de junio porque el frío continental de ambas ciudades habría pasado a mejor vida y el riguroso verano estaría por llegar. Nos pusimos a ver vuelos de diferentes compañías. Si en un principio pensamos volar hasta Budapest y volver a España desde Viena, esta idea pronto desapareció de nuestras cabezas, ya que solo regresar desde esta última ciudad a Madrid suponía el doble de presupuesto de lo que nos costarían dos billetes de ida de Madrid a Budapest y regreso. Dos billetes Viena – Madrid costaban alrededor de trescientos euros, mientras que dos billetes Madrid – Budapest – Madrid nos salieron al final por ciento ochenta y tres euros. Claro a esta opción había que sumarle el precio del billete de tren Viena – Budapest (veintiséis euros) y una noche de hotel (cuarenta y tres euros). Nos seguía saliendo a cuenta utilizar solo el aeropuerto Ferenc Liszt de Budapest.

domingo, 2 de abril de 2017

ALLARIZ, ROMÁNICO, GRANITO Y COMERCIO

Salimos de Orense en torno a las ocho y media de la mañana dispuestos a recorrer los veinticinco kilómetros que nos separaban de Allariz, donde queríamos hacer una visita ligera pues habíamos leído que era uno de los pueblos más bonitos de toda la provincia de Orense y, por ende, de Galicia. Habíamos leído que su casco antiguo es Conjunto Histórico Artístico desde 1971, habiendo recibido  otro galardón en 1994, el Premio  Europeo de Urbanismo por la rehabilitación de su núcleo histórico. Llegamos temprano y dimos una vuelta con el coche para ver dónde lo podíamos aparcar. Sin embargo, a pesar de la hora, no había un hueco libre y tuvimos que volver a la salida del pueblo, donde dejamos el automóvil a la sombra de unos árboles con un tronco respetable en la rúa do Piñeiro, un poco antes del puente que salva el río Arnoia. Desde allí fuimos andando a todos los sitios, teniendo en cuenta que la villa no es demasiado extensa. Nada más cruzar el puente vimos una panadería llamada O FORNO DE TOMÁS, que anunciaba la venta de empanadas con rellenos variados a unos precios más que aceptable y de las que habíamos leído maravillas en internet. Así que pasamos al interior del local y encargamos dos empanadas, una de carne y otra de atún para llevarlas a casa de Carlos en nuestro viaje de regreso. Así, estas se unirían a los dos paquetes de ROSQUILLAS CRISTALEIRO que habíamos comprado el día anterior en Orense. Nos dijo amablemente la dependienta del local que estarían listas para recoger alrededor de las once y media de la mañana.

sábado, 1 de abril de 2017

ORENSE Y SU MARAVILLOSO PÓRTICO DEL PARAISO

Habíamos dormido la noche anterior en el Hotel España de Lugo y habíamos hecho una parada en Portomarín para visitar su Escalinata de las Nieves y su iglesia de San Nicolás. Desde allí habíamos continuado viaje hasta MONFORTE DE LEMOS donde habíamos parado poco antes de las doce de la mañana brevemente para hacer un descanso, cerca de la plaza donde se ubica el impresionante Colegio de Nosa Señora da Antiga. Entramos a la CAFETERÍA CAROLUS IIII donde pedimos unas cervezas y nos sentamos en una mesa a relajar las piernas un poco. Conseguido el objetivo, continuamos camino en dirección a Orense pasadas las doce y media. Pocos kilómetros después, a la altura de Los Peares, detuvimos el coche un momento en un ensanche de la carretera para acercarnos al mirador sobre los cañones que forma el río Miño que corre encajonado entre riscos montañosos. Es todo un espectáculo ver los viñedos caer ladera abajo abrigados en pequeños bancales elaborados por la mano del hombre. Nos vimos el recuerdo de la novela “Todo esto te daré” de Dolores Redondo que narra primorosamente el trabajo meticuloso con la elaboración del vino de la Ribeira Sacra. Después de la tanda correspondiente de fotos y vídeos, seguimos camino a Orense.

PORTOMARÍN: UNA MARAVILLA EN EL CAMINO DE SANTIAGO

Habíamos dormido la noche anterior en Lugo y la de este día lo haríamos en Ourense. Pero entre una y otra capital de provincia, habíamos pensado hacer dos paradas: una en PORTOMARÍN, cuya Iglesia de San Nicolás y la cercana Escalinata de las Nieves me habían causado una fuerte impresión la primera vez que las vi en una bellísima fotografía en internet; y posteriormente, otra en MONFORTE DE LEMOS, del que habíamos leído muy buenas referencias y en el que nos detendríamos en función del tiempo que dispusiéramos. Así que nos levantamos temprano como todos los días anteriores, me acerqué al aparcamiento Ramón Ferreiro en la calle Salvador de Madariaga donde había dejado el coche, fui hasta la puerta del hotel, cargamos las maletas y enfilamos carretera hacia Portomarín. El tiempo era inestable, hacía fresco a esa hora de la mañana y estaba lloviznando. Y así se mantuvo durante la media hora que duró el recorrido. Llegamos a la plaza Conde Fenosa poco antes de las nueve y cuarto de la mañana, bajo la impresionante mirada del rosetón de la iglesia de San Nicolás. Aparcamos el coche en la placita que se abre a los pies del espléndido ábside románico de la iglesia, presidida en el centro por el excepcional cruceiro de San Nicolás. Como era temprano y no habíamos desayunado aún, decidimos entrar justo en frente de donde habíamos aparcado, en el restaurante Xoanes sito en la rúa Fraga Iribarne. Evidentemente no hacía un tiempo agradable para sentarse en la terraza, que, aunque estaba cubierta, no protegía del ligero viento que soplaba y que esparcía las pequeñas gotas de la llovizna que caía en ese momento. Entramos y nos colocamos en el lado más estrecho de la barra donde no había nadie. El resto de la barra y varias mesas del salón estaban repletas de peregrinos desayunando que iniciaban su ruta del día. Cuatro euros pagamos por el desayuno.

viernes, 31 de marzo de 2017

LUGO, ALGO MÁS QUE SU MURALLA ROMANA

Habíamos salido de Mondoñedo en torno a las once de la mañana con el cielo encapotado, pero sin amenaza de lluvia clara. Había poco tráfico en la autovía y recorrimos con prontitud los algo más de ochenta kilómetros que nos separaban de nuestro siguiente destino. Pasadas las once y media aparcamos provisionalmente delante del HOTEL ESPAÑA, sito en la rúa Vilalba, pegadito a la espectacular muralla romana que rodea la ciudad de LUGO. Dormir esa noche nos iba a costar treinta y cinco euros. Bajamos las maletas y subimos a recepción. Allí una chica muy amable nos informó de la dificultad de aparcar en la zona y nos recomendó llevar el coche al Aparcamiento Ramón Ferreiro que estaba en la rúa Salvador de Madariaga porque nos resolvía el problema del vehículo por un precio bastante económico: 3,75 euros por veinticuatro horas. Pero no todo iba a ser maravilloso: las veinticuatro horas eran naturales –el día finaliza a las doce de la noche–, así que tuvimos que pagar siete euros y medio por dos días de aparcamiento ya que teníamos previsto irnos al día siguiente camino de Portomarín y Orense.

MONDOÑEDO, CUNQUEIRO Y SU CATEDRAL

Volvimos a madrugar un día más y ya iban… La mañana amaneció gris y con algo de neblina, esparciendo su tristeza por toda la plaza que se abría a nuestros pies desde el balcón del hotel. Nuestro plan para hoy era visitar Lugo, donde dormiríamos en el Hotel España, situado frente a la muralla romana lucense. Pero habíamos decidido hacer un alto en Mondoñedo, población con algo más de 3.500 habitantes, pero con un riquísimo pasado. Recogimos la habitación, bajamos las maletas que guardamos en el coche que estaba aparcado frente a nuestra habitación, y nos metimos en la cafetería del hotel Linares para desayunar antes de iniciar el viaje. Pedimos una ración de churros, media tostada, una infusión y un café con leche, por lo que pagamos algo menos de cinco euros. Finalizado el desayuno nos dirigimos al coche dispuestos a recorrer los escasos cuarenta kilómetros de autovía que nos separaban de la sede episcopal de Mondoñedo. Callejeamos un poco con el coche para poder aparcar lo más cerca posible del centro histórico de la villa. Encontramos un sitio para dejar el coche en el aparcamiento público al aire libre situado frente al Seminario a las nueve y media de la mañana. Si en Ribadeo el día había comenzado gris y frío, en Mondoñedo, continuaba la misma tónica, con un ligero aumento del frío. Nos pertrechamos con nuestros anoraks bien abrochados y nos dispusimos a iniciar la visita turística.

jueves, 30 de marzo de 2017

RIBADEO, CIUDAD INDIANA Y MARINERA

Poco antes de las una abandonábamos la Playa de las Catedrales en dirección a Ribadeo donde, tras recorrer los poco más de diez kilómetros que separan ambos lugares, llegamos alrededor de las una y cuarto. Llevábamos una sensación extraña, como de haber visitado un lugar extraterrestre, donde las enormes rocas emergen poderosas libres del mar que las engulle dos veces al día al ritmo de las mareas. El caminar por la firme arena que el agua deja al descubierto, el contemplar la gran cantidad de vida a través de los incontables criaderos de percebes, mejillones y lapas marinas que se adhieren salvajemente a las rocas, el maravillarse con la sólida presencia de los arbotantes naturales que ha moldeado el mar con infinita paciencia monacal, el caminar envuelto en la más absoluta soledad por este onírico paisaje… todo ello nos creó una sensación increíble de bienestar interno que ya no abandonamos a lo largo de todos los días que nos restaban de viaje. Una vez llegamos a Ribadeo, nos dirigimos a la Plaza de España, también llamada Plaza do Campo, donde se encontraba el hotel que habíamos seleccionado para dormir esa noche. Era el HOSTAL LINARES, establecimiento que tiene una cafetería en su planta baja donde, además de las consabidas tostadas, ofrece churros a sus clientes para desayunar. Además de la larga barra atendida por diligentes camareros, tiene dos salones, uno exterior y otro interior que estaban bastante animados la tarde que llegamos tras finalizar nuestra visita a la ciudad. Pagamos treinta y cuatro euros por la habitación, ubicada en la primera planta del edificio –agradecimos enormemente que hubiera ascensor–. La habitación nos resultó un poco pequeña, aunque no agobiante. Una buena cama y mucha limpieza eran sus características principales. A esto había que añadirle que el balcón que teníamos se abría directamente a la Plaza de España desde donde se podían observar todos los edificios importantes que la circundan. Una vez que depositamos las maletas en la habitación y nos refrescamos un poco, nos echamos de nuevo a la calle donde comenzamos la visita a la villa pasadas ligeramente las una y media de la tarde.

PLAYA DE LAS CATEDRALES: UNA OBRA DIVINA DEL MAR Y DEL VIENTO

Nos levantamos temprano, como la mayor parte de los días. El día amaneció fresco, ventoso y con el cielo cubierto aunque no presagiaba lluvia. Nuestra etapa de hoy terminaba en el Cantábrico, en plena Mariña Lucense. Ribadeo esperaba con los brazos abiertos nuestra llegada. No obstante, teníamos previsto hacer un alto antes de llegar a esta villa marinera para visitar la Playa de las Catedrales o como dicen los gallegos, Praia das Catedrais. Bajamos las maletas a recepción, abonamos la minuta del hotel y, mientras Concha me esperaba en el vestíbulo del mismo, yo me acerqué al garaje donde teníamos el coche aparcado y callejeé un par de calles hasta llegar a la puerta del hotel, sabiendo que aunque la circulación de vehículos estaba prohibida a partir de las doce de la mañana, sí se permitía el paso antes de esa hora para hacer los repartos en los diferentes establecimientos que conforman el abigarrado núcleo de callejas de la ciudad vieja.

LA CORUÑA, DOS LUJOS AL ALCANCE DE LA MANO: LA CIUDAD VIEJA Y SU MARINA.

Salimos de Santiago pasadas las una y media de la tarde. El plan que teníamos previsto era llegar temprano al hotel y dedicar la tarde a visitar la ciudad. Así que recorrimos con rapidez los escasos ochenta kilómetros que separan ambas ciudades y llegamos a La Coruña poco antes de las dos y media de la tarde. Nos dirigimos directamente en busca del alojamiento donde íbamos a pernoctar esa noche, el HOSTAL MARA, situado en la calle Galera, una zona peatonal que permitía el acceso a los vehículos solo en horario de mañana para que los camiones y furgonetas de reparto pudieran hacer su trabajo. Veintiséis euros íbamos a pagar por dormir esa noche. Aparcamos provisionalmente el coche en la calle San Andrés, frente a la iglesia castrense del mismo nombre, que corría paralela a la calle de nuestro hotel. Asimismo, teníamos apalabrado que por seis euros más podríamos dejar el coche en un aparcamiento cercano cuyo acceso de entrada y salida estaba frente a la calle Sol. Así que cogimos las maletas y nos acercamos a la recepción del hotel donde, muy amablemente, el señor que estaba allí nos indicó las maniobras necesarias para llegar al edificio donde dejaríamos el a la vez que nos entregaba las llaves del mismo. Concha se quedó en el estrecho vestíbulo de entrada del hotel vigilando las maletas, mientras yo me acercaba al aparcamiento a dejar el coche. Una vez aparcado el coche, de vuelta al hotel, el recepcionista nos indicó la habitación que nos había asignado que se encontraba en la cuarta planta.

miércoles, 29 de marzo de 2017

SANTIAGO DE COMPOSTELA: VUELTA AL PARAISO

Habíamos planeado que, en vez de volver directamente desde Gondomar a Bailén, haríamos un pequeño tour por las capitales gallegas que aún no habíamos visitado: la política –Santiago– y las administrativas –A Coruña, Lugo y Orense–, con paradas intermedias en otras localidades que considerábamos interesantes para girar una visita a su abundante oferta cultural, como Ribadeo, Mondoñedo, Portomarín o Allariz. Por ello, la noche anterior dejamos el coche cargado con el equipaje y listo de gasolina para iniciar nuestro viaje sin dilación alguna. Nos levantamos muy temprano y salimos en silencio de la casa de Alfonso e Irene tratando de no despertarlos. Bajamos las escaleras y nos montamos en el coche que estaba mirando hacia la puerta de salida de la finca. No eran todavía las ocho de la mañana cuando ya rodábamos camino de la autovía que nos llevaría hasta Santiago de Compostela, donde rememoraríamos la visita que giramos a esta ciudad en 1977 con motivo de nuestro viaje de bodas. Aquí pernoctamos tres noches en el Hotel Peregrino, un cuatro estrellas situado en la avenida Rosalía de Castro, a poco más de un kilómetro del centro santiagués, del que en algún momento haré una pequeña reseña relacionada con aquel entrañable viaje. Llegamos a Santiago cuando pasaban pocos minutos de las nueve de la mañana, después de haber recorrido los ciento quince kilómetros aproximados que separan ambas localidades y abonado una cantidad cercana a los diez euros en concepto de peaje en la autopista AP-9 que habíamos tomado con la intención de hacer el viaje más corto y cómodo. Una vez en Santiago callejeamos un rato hasta llegar a la Plaza de Galicia donde dejamos el coche en el Interparking Plaza Galicia. Una vez que salimos a la calle, lo primero que hicimos fue buscar un establecimiento donde poder desayunar, pues aún no lo habíamos hecho. Para ello, nos dirigimos al CAFÉ BAR EL MUELLE situado en la misma plaza donde habíamos aparcado el coche, nos sentamos en una mesa del interior y pedimos un café con leche, una infusión para Concha y churros para los dos.