miércoles, 5 de octubre de 2022

GUADALUPE Y SU MONASTERIO

 El día amaneció esplendido, de un azul añil radiante y con una temperatura muy agradable para la época del año en la que estábamos. Hoy era nuestro último día de estancia en La Cumbre pues algunos deberes pendientes reclamaban nuestra presencia en Torremolinos. Hoy habíamos decidido visitar por segunda vez la localidad de Guadalupe y su archiconocido monasterio. La primera, allá por 1996 en compañía de nuestros hijos, nos había dejado un buen recuerdo y decidimos repetir la experiencia. Nos levantamos temprano con las primeras claras del día. Desayunamos siguiendo nuestras rutinas: café con leche, tostadas y algo de fiambre. Y a eso de las ocho menos cuarto más o menos enfilábamos la A5 camino de nuestro destino. Esta vez confié en la elección del trayecto al navegador del coche y este me hizo recorrer algo más de treinta kilómetros, eso sí, desde La Cumbre hasta el cruce donde abandonamos la autovía, unos cincuenta kilómetros, el viaje fue más placentero. Sin embargo, a partir de aquí hasta la llegada a Guadalupe la carretera se volvió bastante sinuosa, con infinidad de subidas y bajadas, curvas y contracurvas. Al menos eso ganamos con el trayecto: algunos de los paisajes que nos devolvía el recorrido eran espectaculares, con enormes masas arbóreas derramándose ladera abajo de las lejanas sierras que delimitaban la visión. Poco antes de llegar a la localidad de  Deleitosa, a la salida de una curva, nos encontramos con una manada de cuatro o cinco ciervos que estaban en mitad de la carretera y que desaparecieron como por arte de ensalmo cuando nos vieron aparecer, pero que el susto nos lo metieron en el cuerpo. Llegamos a Guadalupe cuando pasaban pocos minutos las diez de la mañana. Aparcamos el coche en la avenida Conde de Barcelona, a pocos metros del ayuntamiento de la localidad, a cuya espalda se celebraba el tradicional mercadillo de ropa, fruta y verdura, lo que hacía que la zona se mostrara bulliciosa, con numerosas personas que iban y venían. Nosotros enfilamos la calle Gregorio López hasta llegar a la plaza de Santa María ante la que se abre con toda su magnificencia la exuberante fachada del monasterio. Tras comprobar los horarios de visita decidimos volver sobre nuestros pasos, iniciar el recorrido que teníamos planificado a los distintos edificios y monumentos de la localidad y dejar para un poco más tarde la visita a las dependencias monacales. 

Volvimos de nuevo al Ayuntamiento, nos detuvimos un momento a observar el BUSTO DE EUSEBIO GONZALEZ MARTÍN y nos desviamos por la calle Poeta Ángel Marina, atravesando de lleno los distintos puestos del mercadillo que en esos momentos se hallaba en su máximo apogeo. Torcimos a la derecha para alcanza la calle Barrera de las Eras para ver el llamado  ARCO DE LAS ERAS, construido en mampostería de piedra y ladrillo en arcos y convivienda superior. Su arquitectura conserva aún restos de las antiguas almenas que protegían su acceso. Desde allí continuamos por la calle Berganza donde disfrutamos de rincones bellísimos, con casas típicas de la zona de dos alturas, con balconadas voladizas encantadoras. Pasamos por delante de la sobria fachada de la CASA DE GIL CORDERO, reconocida como la casa del pastor cacereño a quien se le apareció por primera vez la Virgen, a finales del siglo XIII o principios del siglo XIV, siéndole encomendada la tarea de construir una choza para colocar su imagen. El cuerpo del pastor yace sepultado en la nave contigua a la sacristía del monasterio, lugar exacto donde según la tradición apareció la talla románica. Seguimos nuestro agradable paseo por la llamada FUENTE DEL ÁNGEL, una de las diecisiete fuentes de agua potable que existen en la localidad adosada al muro de una casa y por el ARCO DEL TINTE, de influencia mudéjar, que conserva dicho nombre porque daba paso a las antiguas fábricas de tinte, uno de los numerosos gremios que existían en la Puebla. Y desde aquí, caminando por la calle del Tinte llegamos a uno de los rincones más seductores de nuestro recorrido: la Fuente de los Tres chorros que preside la centralidad de la plazuela del mismo nombre. La FUENTE DE LOS TRES CHORROS es la más importante y de mayor significación urbana. En torno a ella y a su plazuela se articula la trama arquitectónica de la Puebla Baja. Data del siglo XV. El silencio de sus casas roto únicamente por el gorjeo de algunos pajarillos que revoloteaban sobre sus tejados nos envolvió en un clima de tranquilidad muy atrayente. Minutos después y tras las fotos y vídeos de rigor continuamos camino por la interesante calle Sevilla, pasamos bajo el ARCO DE SEVILLA, otra de las puertas interiores de la muralla que cerraba el primer cinturón defensivo del Monasterio en el siglo XVI. Nada más atravesar el arco, a mano izquierda se nos mostró majestuosa la CASA DE GREGORIO LÓPEZ, insigne vecino  de la localidad nacido a finales del siglo XV, alcalde mayor de la ciudad en la primera mitad del siglo XVI, además fue un reconocido humanista, jurista, abogado y miembro del Consejo de Indias. Así fue como desembocamos de nuevo en la fastuosa PLAZA DE SANTA MARÍA presidida por la augusta fachada del monasterio. Tiene forma irregular y se caracteriza por su arquitectura popular, porticada con soportales de madera y balconadas. En su centro hay una fuente hecha con una antigua pila bautismal en la que fueron bautizados los primeros nativos traídos por Colón. Ahora sí tocaba iniciar su visita. 

El REAL MONASTERIO DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE fue declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1993. En su interior se aprecia el estilo gótico, mudéjar, renacentista, barroco y neoclásico, es decir, desde los siglos XIII al XVIII. Sus moradores iniciales, allá a finales del siglo XIV, fueron los monjes de la orden jerónima, permanecieron entre sus muros hasta la desamortización de la primera mitad del siglo XIX, siendo entregado años más tarde a los frailes franciscanos, con lo que comenzó una nueva etapa. Subimos la escalinata y nos dirigimos a la izquierda donde se encontraban las taquillas. Justo antes de acceder al interior, sobre la fachada del monasterio, se encuentra una estatua de bronce dedicada a SAN FRANCISCO DE ASÍS. Habíamos leído que la entrada a la basílica era gratuita –cosa rara en estos tiempos que corren– pero que el acceso a las dependencias y claustros del monasterio se incluía en una entrada de cinco euros por persona. Nosotros, por ser jubilados, abonamos la entrada reducida de cuatro euros cada uno. La visita a estas estancias solo se puede realizar de forma guiada, así que tuvimos que esperar unos minutos junto al grupo en el que nos habían incluido a que fuera la hora prevista para la entrada. Y como toda buena visita guiada, los guías tenían una preparación excelente y un olfato increíble para detectar e impedir la toma de imágenes o vídeos en las zonas prohibidas, permitiéndolo solamente en la zona exterior del claustro mudéjar, alrededor del cual prácticamente tiene lugar el recorrido con una duración aproximada de unos cuarenta y cinco minutos. 

El CLAUSTRO MUDÉJAR fue construido a finales del Siglo XIV, en el lugar que antes ocupó la plaza de armas o de defensa del santuario. En el centro del jardín se eleva un airoso templete, de planta cuadrada erigido en 1405 por fray Juan de Sevilla, monje del monasterio en el que conviven armoniosamente el arte gótico con el árabe. En la galería baja de este claustro, colgados de sus muros, penden 29 cuadros de traza antigua que pintó  un fraile jerónimo en la segunda mitad del siglo XVII con temática relativa a la historia y prodigios de la venerada imagen de la Virgen de Guadalupe. En una esquina se sitúa una bonita fuente con sugerente azulejería. No recuerdo con exactitud el orden de la visita que marcó el guía con nuestro grupo. Por ello, voy a ir citando una a una las distintas estancias por las que discurrieron nuestros pasos. Tras disfrutar a raudales de la visión claustral, de las elevadas torres que rodean el monasterio o del impresionante rosetón gótico, nos dirigimos al MUSEO DE BORDADOS, inaugurado en 1928 en presencia del rey Alfonso XIII. Allí se exponen ornamentos sagrados y otras telas dedicadas al culto que fueron fabricados en los talleres de bordado del monasterio, por monjes y seglares, desde el siglo XIV. Desde aquí nos llevaron al MUSEO DE LIBROS MINIADOS, una suntuosa estancia decorada con pinturas al temple en bóvedas y muros que alberga los libros confeccionados en piel en los talleres de escribanía e iluminación de códices del monasterio que funcionaron en Guadalupe durante los siglos XV a XIX. Otra sala que visitamos fue el MUSEO DE PINTURAS Y ESCULTURAS ANTIGUAS que reúne una interesante muestra de pintura y escultura de renombrados artistas como Juan de Flandes, Zurbarán, Goya, Cueman y Miguel Ángel. A continuación pasamos a la SACRISTÍA, una de las joyas más bellas del monasterio. Tres son las piezas de este recinto, antesacristía, sacristía y capilla de San Jerónimo. La antesacristía ocupa el espacio la antigua sacristía, su arquitectura es gótica se cubre con bóveda de crucería y se decora con frescos, espejos y lienzos del siglo XVII. La sacristía, por su parte, tiene una planta rectangular. Sus bóvedas y muros se cubren con pinturas barrocas que representan escenas de la vida de San Jerónimo. Sin embargo, lo más preciado de la sacristía son los ocho lienzos de Francisco Zurbarán realizados a mitad del siglo XVII. Por último, en el testero de la sacristía una puerta formada por un arco de medio punto comunica con la Capilla de San Jerónimo, pequeña habitación presidida por un retablo con una imagen penitente de San Jerónimo. También destacan otros tres lienzos firmados por Zurbarán. Finalmente pasamos a visitar el RELICARIO o CAPILLA DEL TESORO, donde se guardan los tesoros más valiosos del monasterio. Tiene planta ochavada que se cubre con cúpula decorada con pinturas barrocas de los siglos XVII y XVIII. La capilla se articula en siete nichos separados entre sí por pilares en cuyo interior se guardan las reliquias. También hay que destacar la arqueta de los esmaltes obra gótica de repujado metálico del siglo XV; un Lignum Crucis gótico realizado en plata sobredorada y un crucificado atribuido a Miguel Ángel. También son dignos de mención tres de los vestidos de la Virgen que destacan sobre los demás: El Manto Rico de la Comunidad (siglo XVIII), el manto de Isabel Clara Eugenia (siglo XVII) expoliado de sus joyas en el siglo XIX y el manto de la cenefa marrón (siglo XIX).

Una vez que estuvimos de nuevo en el atrio escalonado de la BASÍLICA, decidimos acceder al interior del templo, que ocupa una superficie de más de mil metros cuadrados. Es de estilo gótico-mudéjar. Primero se construyó la iglesia a partir de la ermita primitiva y se le fueron añadiendo varias construcciones después de la batalla del Salado. Tiene tres naves, la central más alta y ancha que las laterales, prolongándose la central hasta el testero del coro alto. Por las tres naves corre una elegante verja de hierro. El ábside es poligonal. Las naves se cubren con bóvedas de crucería. Sobre el crucero se levanta un cimborrio ochavado. En los extremos de la nave del transepto la iluminación se realiza a través de grandes rosetones circulares con tracería gótica geométrica. El ALTAR MAYOR ya intuye el cercano estilo barroco. Está formado por tres cuerpos horizontales, tres calles verticales y ático. En el centro del segundo cuerpo generalmente acoge la talla de Nuestra Señora de Guadalupe, pero en nuestra visita la imagen de la Virgen se hallaba fuera de su hornacina, por encima del mueble escritorio regalo de Felipe II que hace las veces de sagrario, bajo un bonito palio de color rojo. Cerrando todo el conjunto, hay una reja de hierro forjado de estilo gótico renacentista de comienzos del siglo XVI. Frente al Altar Mayor, a los pies de la iglesia se abre el magnífico CORO, del siglo XIV, con una fantástica sillería de dos alturas. En el centro de dicho espacio llama la atención un fastuoso facistol de hierro repujado, del siglo XVI. También destaca la presencia de cuatro órganos, dos grandes de estilo barroco y dos más pequeños de estilo rococó. 

 Finalizada la visita al monasterio y a la basílica, tras la correspondiente sesión de fotos en la plaza –entendemos que los comercios, bares y restaurantes de la misma deben reponer existencias para sus negocios, pero ver esta encantadora explanada atestada de furgonetas de reparto resta algo de encanto al conjunto monumental– decidimos sentarnos en alguna terraza para tomar alguna cerveza, que ya iba siendo hora. Nos decantamos por el CEREZO CAFÉ y nos sentamos en una mesa que ofrecía una gratificante sombra. Pedimos un par de cervezas que nos sirvieron acompañadas de un cuenco con aceitunas verdes. Abonamos las consumiciones y nos dirigimos a la avenida de Alfonso Onceno para visitar brevemente el CLAUSTRO GÓTICO de la HOSPEDERÍA DEL MONASTERIO, construido en la primera mitad del siglo XVI. Es un amplio rectángulo, de cerca de 1000 metros cuadrados, con tres órdenes de arcos, sobresaliendo por su ornamentación, lujosa en calados, los del piso principal. Las galerías son esbeltas, dominando la elegancia del flamígero sobre el gótico-mudéjar. En el centro hay un romántico pozo-cisterna. 

Actualmente se ha reconvertido en hotel regentado por monjes franciscanos. De nuevo volvimos a la plaza, pero esta vez tomamos la calle del Marqués de la Romana para contemplar el cercano HOSPITAL DE SAN JUAN BAUTISTA O DE HOMBRES de estilo gótico mudéjar y con una fachada de un blanco resplandeciente. En él se desarrolló la célebre Escuela de Medicina, para lo que el Monasterio obtuvo un indulto apostólico del papa Eugenio IV que facultaba a los monjes, al estudio, enseñanza y práctica de la medicina y cirugía siempre que fuera gratuitamente. Es creencia tradicional que en este hospital se realizaron las primeras autopsias en España, autorizadas por la Santa Sede. Pegado a este antiguo hospital se encuentra el PARADOR DE TURISMO, también de nívea fachada. Ocupa el espacio del antiguo Colegio de Infantes o Gramática. El estilo mudéjar del edificio se ve reflejado en sus patios, portadas y techos. Estuvo en funcionamiento entre los siglos XVI y XIX. En 1965 fue adquirido por el Estado y transformado en Parador de Turismo. Casi enfrente se encuentra la IGLESIA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, construida en la primera mitad del siglo XVIII. En las desamortizaciones de 1835 fue abandonada y posteriormente restaurada para destinar su uso a auditorio y salón de actos y exposiciones. Y unos metros más adelante pudimos observar la GALERÍA MUDÉJAR, una galería porticada de estilo mudéjar, construida en el siglo XV, donde se ubican las antiguas viviendas de los capellanes, una de las cuales recibe el nombre de la CASA DE LA BUENA CRISTIANA porque en ella vivió una mujer musulmana llamada Fátima, que se convirtió al cristianismo y llevó una vida ejemplar. Seguimos nuestro paseo por esta misma calle, cruzamos el ARCO DE SAN PEDRO, poco reseñable y llegamos hasta el cercano HOSPITAL NUEVO O DE MUJERES que data del siglo XV. En él se puede observar una bella fachada gótica con capiteles corridos de influencia flamenca. Actualmente es propiedad privada. 

En este punto dimos por finalizada la visita a la ciudad y nos encaminamos de nuevo hacia el coche que estaba aparcado en las cercanías del Ayuntamiento. Sin embargo, al pasar de nuevo por la plaza de Santa María, nos detuvimos un momento en la Panadería Pascual con la intención de comprar algún pastelillo que echarnos tranquilamente a la boca cuando estuviéramos en casa. Estuvimos un rato mirando la sugerente variedad de productos, todos con una pinta espléndida, pero al final nos decantamos por uno que atrajo nuestra atención, llamado “bollo de San Blas” –0,95 euros la unidad–, una especie de torta cubierta por una gruesa capa de azúcar tostada lo que le confería un volumen abultado. Eran algo más de las una y media de la tarde cuando iniciamos el camino de vuelta.


martes, 4 de octubre de 2022

CUACOS DE YUSTE, PUEBLO Y MONASTERIO

Esta mañana tocaba visita a este encantador pueblo cacereño que nunca creímos que íbamos a poder visitar por la lejanía de nuestra residencia habitual, pero el hecho de disponer de un campamento base en La Cumbre nos facilitó enormemente el logro de este pequeño sueño. Nos levantamos temprano, desayunamos de manera contundente y nos echamos a la carretera dispuestos a recorrer el centenar de kilómetros nos separaban de esta villa que al fin y al cabo es la capital administrativa de la comarca de La Vera. Dos aspectos fundamentalmente motivaban nuestra visita: el primero ver in situ el típico estilo de caserío verato, propio de esta comarca, con viviendas donde se utiliza la piedra en la construcción de la planta baja utilizada como cuadra o almacén, el adobe y la madera entramada usados para el alzado de la primera planta, lugar de residencia de la familia y una segunda planta, utilizada como desván y espacio donde muchas familias secaban allí los pimientos y los jamones; y un segundo motivo que no era otro que la visita al Monasterio de Yuste, inserto en un rico entorno natural, motivo por el que el Emperador Carlos I de España y V de Alemania lo eligió como lugar donde descansar y retirarse. Conjunto Histórico Artístico. 

Subimos al coche y enfilamos la A5 hasta llegar a la altura de Navalmoral de la Mata donde nos desviamos en dirección a Cuacos por una carretera de buen firme pero con un trazado irregular. El paisaje cuajado de encinas lucía espectacular. Atravesamos la sinuosa travesía de Jaraíz de la Vera y poco antes de las diez de la mañanas aparcamos en la avenida de la Constitución, en un descampado asfaltado a pie de carretera cerca del Hotel Abadía de Yuste. Bajamos la pequeña pendiente por la travesía de Luis Quijada hasta llegar a la coqueta PLAZA DE JUAN DE AUSTRIA, que tiene la singularidad de tener forma de anfiteatro, con un escenario abierto donde se realizan obras teatrales y conciertos en las festividades de la villa, y un pequeño graderío donde poder sentar a los espectadores. Una de las paredes del escenario presenta un colorido mural donde se alude a la elaboración del afamado pimentón de la Vera. Es una plaza preciosa donde, además, se pueden ver edificios de arquitectura popular de La Vera. Caminando hacia la derecha del escenario nos encontramos con la sede de la Mancomunidad Intermunicipal de la Vera, que ocupa la vivienda de la conocida como CASA DE JEROMÍN, hijo ilegítimo de Carlos V, que en sus últimos días de vida hizo que llevaran al niño a la villa para así conocerle y reconocerlo como hijo. Delante de la fachada de esta casa se encuentra un BUSTO DEL REY CARLOS V. El nombre de la plaza le viene dado por el ilustre habitante de esta vivienda que con el devenir del tiempo dejó el nombre de Jeromín para ser conocido como don Juan de Austria, un importante militar español del siglo XVI. A la espalda del escenario se ubica la FUENTE DE LA HIGUERA, construida sobre una roca, de tres chorros y de donde actualmente sigue emanando agua. Continuamos nuestro paseo por la calle Entrefuentes hasta llegar a la PLAZA DE ESPAÑA, presidida por el Ayuntamiento, construido en 1896, en cuya fachada se encuentra el reloj que anteriormente estuvo en la torre de la iglesia. Es una plaza rectangular, en parte porticada, construida entre los siglos XVI y XVIII donde desembocas varias calles de toda la localidad. En el centro hay una pequeña fuente, de nombre FUENTE DE LA PLAZA, construida en 1874. Es aquí donde podemos ver numerosos ejemplos de las casas veretas características de esta zona. Continuamos por la calle Teodoro Perianes que alberga la elegante fachada de la CASA DE RAFAEL CASTAÑO, levantada en el siglo XVI en estilo renacentista y que perteneció al escribano del pueblo. Continuamos por esta misma calle hasta desembocar en la plaza de la Iglesia que, como su nombre indica, está presidida por la IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCIÓN, que es uno de los templos más complejos e interesantes de la comarca, por conservar restos pertenecientes a estilos muy diferentes que le conceden cierta originalidad dentro de las construcciones religiosas de La Vera. Presenta una portada de reminiscencias románicas con arquivoltas decoradas por bolas y unos capiteles a ambos lados bastante deteriorados. Su aspecto exterior deja bastante que desear, sobre todo la torre que corre grave peligro a consecuencia de unas profundas grietas existentes en su cara meridional. No pudimos disfrutar del interior de la iglesia porque se encontraba cerrada. Iniciamos el camino de vuelta hacia el coche por la calle Gabriel y Galán hasta llegar al lugar más encantador de la villa para nosotros: la FUENTE DE LOS CHORROS. Se encuentra enclavada en la plaza a la que da nombre, en el conocido como Barrio Viejo de Cuacos. Se trata de una fuente cuyo origen se remonta a comienzos del siglo XVI y que se mantiene en un perfecto estado de conservación. De ella habíamos leído algunas curiosidades, tales como que el agua que mana de sus chorros procede directamente de la cercana sierra donde se encuentra el Monasterio de Yuste; y que las piedras de sus bordes están tan desgastadas porque, según parece, se usaban para afilar las herramientas y aperos de labranza de sus vecinos. No obstante, también hay otra explicación, que asegura que las hendiduras en la piedra son propias del desgaste de tantos siglos soportando el peso de los cántaros de agua.  

Una vez en el coche nos dispusimos a visitar el afamado Monasterio. Justo al comienzo de la carretera paisajística que conduce al mismo, aparcamos un momento para contemplar el MONUMENTO A CARLOS V, obra de reciente construcción donada por la Asociación de Alcaldes del V Centenario, en colaboración con el escultor y pintor mejicano Carlos Terres. En él podemos ver al Emperador de medio cuerpo, y abrazando a personajes muy importantes para la historia de Europa y América, con el toisón de oro y en el pecho y las palabras plus ultra. Estos personajes son: Magallanes, Juan Sebastián Elcano, Pizarro, Hernán Cortés, Doña Marina "la malinche", Cuahutemoc, Moctezuma, Juan de Austria, el Padre Olmedo, Fray Bartolomé de las Casas, Fray Toribio de Benavente y un sacerdote maya. Una escultura llena de simbolismo de las relaciones entre los continentes. Tras la correspondiente sesión fotografía iniciamos el ascenso hasta las instalaciones monásticas. Casi a mitad de camino nos sorprendió la presencia de conocido como CEMENTERIO ALEMÁN. Al igual que otros muchos turistas nos preguntamos qué hace un camposanto de tumbas de un país extranjero en este recodo de La Vera. La respuesta la obtenemos nada más acceder al lugar. Se trata de un cementerio militar donde hay enterrados nada más y nada menos que veintiséis soldados de la I Guerra Mundial y ciento cincuenta y cuatro de la II Guerra Mundial. En 1983 la embajada alemana en España inauguró este cementerio en el cual reposan los restos de militares germanos fallecidos en territorio español, en su mayoría tripulantes de aviones caídos o derribados, submarinos u otros navíos hundidos para su desgracia. Todas las sepulturas son idénticas, cruces de granito oscuro con inscripciones que indican el nombre y apellido del soldado, su categoría militar, así como su fecha de nacimiento y muerte. Llama la atención la juventud de la mayoría de los mismos, siendo mayoritariamente de poco más de veinte años. Terminamos de recorrer la escasa distancia que nos separaba del MONASTERIO DE SAN JERÓNIMO DE YUSTE y aparcamos en una amplia explanada irregular carente en algunas zonas de asfalto frente al cenobio, pero con enormes eucaliptos que proporcionaban una placentera sombra que se agradecía. Accedimos por un arco de entrada al recinto y recorridos una pequeña zona ajardinada hasta donde se encontraba la recepción de visitantes y venta de entradas. Adquirimos dos pases de tarifa reducida por un precio de ocho euros y con ellos nos encaminamos a iniciar la visita. Creo que ya hemos dicho que este monasterio es conocido, sobre todo, por ser la última morada del Emperador Carlos V, el lugar que eligió para descansar y meditar tras un reinado lleno de guerras y conflictos políticos y religiosos. Residió en el Monasterio de Yuste desde principios de 1557 hasta su muerte, a finales de 1558. El monasterio tuvo su origen en un pequeño cenobio construido en 1407 y en el que vivían inicialmente unos pocos ermitaños. Con el paso del tiempo fue aumentando el número de monjes, que finalmente se acogieron a la Orden de San Jerónimo. El edificio original sufrió numerosas reformas, inicialmente para ampliar las diferentes dependencias de los monjes y posteriormente para construir la casa palacio que serviría de residencia al emperador. A comienzos del siglo XIX, durante la invasión francesa, el Monasterio de Yuste fue abandonado por los monjes Jerónimos y sufrió numerosos daños. Con la desamortización de Mendizábal se subastó el edificio y fue utilizado para tareas agrícolas y ganaderas. El estado de abandono continuó prácticamente hasta mediados del siglo XX. En 1931 es declarado Monumento Histórico Artístico y en 1949 comenzaron las labores de rehabilitación, intentando respetar en la medida de lo posible la estructura original de los edificios. Unos años más tarde vuelve la Orden de San Jerónimo. Un aspecto negativo de la visita es que en el interior de los recintos –iglesia y residencia palaciega del emperador– no está permitido el uso de cámaras, sólo en las zonas exteriores como los claustros o los jardines, prohibición a la que cada vez le encuentro menos sentido. El recorrido comenzó por la IGLESIA, templo tardogótico del siglo XV con reformas renacentistas. Presenta una única nave de cuatro tramos, cubierta con bóveda de crucería estrellada y rematada por una cabecera poligonal. Su altar se encuentra elevado del resto del templo y en él destaca un retablo de Juan de Herrera que tiene una copia del Juicio Final de Tiziano. En el coro hay una puerta por la que se accede directamente a las habitaciones del emperador, así podía asistir a misa sin moverse de su habitación cuando su estado de salud y su gota no se lo permitían. Un vigilante jurado no cejaba en su empeño de impedir cualquier intento de coger el móvil para hacer alguna instantánea y observaba con mirada fija las tres parejas que en esos momentos nos encontrábamos en el interior del templo. Por una puerta lateral, finalizada la visita, accedimos al CLAUSTRO GÓTICO del siglo XV, construido en la misma época que la iglesia. Es un claustro rectangular, de dos pisos. Los arcos carpaneles son muy amplios y se asientan sobre pilares cilíndricos. El patio interior tiene en la actualidad un jardín con una fuente en el centro. Aquí sí pudimos desempolvar la cámara de nuestro móvil para inmortalizar el momento. Desde allí, a través de una crujía pasamos al CLAUSTRO PLATERESCO de estilo renacentista. Es más amplio y luminoso que el claustro gótico. Tiene dos pisos. En el piso inferior los arcos son de medio punto, mientras que en el piso superior son arcos rebajados. Los arcos se apoyan sobre columnas renacentistas con capiteles ornamentados con diferentes emblemas y escudos. El patio tiene un jardín muy bien cuidado en el que crecen algunos cipreses. En el centro del patio hay una fuente de piedra. Desde este mismo patio se accede a la CRIPTA, construida bajo el suelo de la cabecera de la iglesia y donde debería encontrarse la sepultura del emperador. Sin embargo, sus restos descansaron un corto periodo de tiempo detrás del altar mayor del presbiterio, ya que su hijo, Felipe II, ordenó su traslado al recién construido Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial. Otra dependencia de este patio plateresco es el REFECTORIO,  sala estrecha rectangular a cuya entrada se exhiben una pequeña muestra de piezas cerámicas de Talavera. También junto a la entrada hay una fuente del siglo XVI con surtidor en forma de columna. Destacan asimismo un púlpito de yesería de imitación mudéjar realizado en los años 50 del siglo pasado. Y desde allí pasamos a la visita final, la CASA-PALACIO DE CARLOS V, edificio muy sencillo, de planta rectangular, construido en ladrillo y mampostería fundamentalmente, y sin apenas elementos decorativos. Está adosado a la parte sur de la estructura de la iglesia. El palacio tiene dos plantas principales, cada una de ellas con cuatro habitaciones separadas por un corredor. Al piso superior, donde se encontraban las habitaciones del monarca, se podía acceder por medio de una gran rampa situada al oeste, lo que permitía al emperador llegar directamente a caballo dado su deteriorado estado de salud. Esa planta tenía dos habitaciones interiores (la alcoba del emperador, desde donde podía seguir la misa desde su cama, sin necesidad de bajar hasta la iglesia, y una sala auxiliar) de las que se conserva parte del mobiliario original y dos habitaciones exteriores que daban a los jardines, que se utilizaban como comedor y sala para audiencias. Todas las estancias eran muy sobrias, con una decoración muy sencilla. Aquí quisimos hacernos los valientes y fuimos pillados con las manos en la masa. Al acceder a la primera estancia del palacio, el vigilante, tras indicarnos que no se podían hacer fotos, nos dejó solos y se fue a la terraza exterior. Fue en ese momento cuando saqué el móvil para conseguir algunas imágenes, de la habitación y de su mobiliario. No había hecho más de dos cuando el vigilante apareció para conminarnos a desistir de nuestro empeño. No nos habíamos dado cuenta de que había cámaras interiores que captan a los visitantes y habíamos sido cogidos in fraganti. Finalmente, salimos a otra galería porticada de influencia italiana con una fuente y un busto del emperador como elementos decorativos, desde donde arrancaba la rampa que daba acceso a los JARDINES DEL PALACIO, diseñados para asemejarse a los que tenía la casa natal del monarca en Gante. El agua es uno de los elementos protagonistas con el estanque principal que se conserva en la actualidad. Estos jardines no sólo tenían un carácter ornamental, sino que además servían como huertos de verduras, plantas medicinales y árboles frutales.

Finalizada la visita, emprendimos camino de vuelta pasando por delante de la fachada principal de la iglesia. Eran casi las una de la tarde cuando abandonábamos este cautivador enclave monástico. En el camino de vuelta, repostamos en la estación de servicio El Pocito, ubicada  a escasos kilómetros, una vez pasado Jaraíz de la Vera, que en el viaje de ida habíamos visto que presentaba un cartel con buenos precios para llenar el depósito de carburante. 

lunes, 3 de octubre de 2022

PLASENCIA, UNA CIUDAD DE PASADO ESPLENDOROSO

 Nos levantamos temprano dispuestos a recorrer los casi ciento veinte kilómetros que separan esta bella ciudad de La Cumbre, lugar del que partíamos. Nunca pensábamos que la íbamos a poder visitar, como otras tantas que teníamos en mente, pero que la lejanía o la mala ubicación con respecto a nuestros desplazamientos habituales lo dificultaban. Además, partíamos con un importante hándicap y es que era lunes. Es decir, la exposición de Las Edades del Hombre que se celebraba este año en esta ciudad no la podríamos visitar ya que la catedral –mejor dicho, las dos catedrales en las que se ubica, estaba cerrada. Pero además, todo el conjunto de las sedes catedralicias plasentinas también estaba cerrado porque se estaban llevando a cabo en las mismas unas pequeñas obras de restauración. Esta situación nos hizo pensar en una segunda visita a la ciudad en fechas próximas y que con toda seguridad repetiremos. Aclarada la situación, desayunamos con tranquilidad y salimos a la calle donde nos recibió un espléndido cielo azul que presagiaba un día excelente para la visita que teníamos prevista realizar cuando pasaban algunos minutos de las ocho y media. Enfilamos el coche en dirección a Cáceres y desde allí nos dirigimos hacia el norte para presentarnos en el Plasencia Parking cuando el reloj marcaba las diez y media de la mañana aproximadamente. El tráfico, escaso en esos momentos, facilitó la circulación y la rápida llegada a nuestro destino. Plasencia –que en la actualidad supera los cuarenta mil habitantes– fue fundada por Alfonso VIII, pero no por iniciativa propia, sino por deseo expreso de su esposa, Leonor de Plantagenet, hermana del Rey Ricardo Corazón de León que quedó prendada del meandro que forma el río Jerte en este lugar. Fue incluso capital de la provincia de Cáceres, cargo que consigue a mediados del siglo XIX la ciudad de Cáceres, hecho que lleva consigo la pérdida de muchas de las prebendas que había disfrutado a lo largo de los siglos. 

Salimos a la calle topándonos con la silueta de la catedral renacentista y hacia una escalinata que salva el desnivel existente nos dirigimos. Subimos los elevados escalones que dan acceso al recinto catedralicio exterior. Con lo primero que nos encontramos fue con la portada renacentista que enmarca la mole de la llamada CATEDRAL NUEVA, que no es sino el mayor templo de Extremadura y el que tiene más cantidad de ornamentación de la comunidad autónoma. Evidentemente, estaba cerrada a cal y canto. Como datos significativos, queremos destacar que inició su construcción a finales del siglo XV y en ella participaron los arquitectos de mayor renombre de la época. En sus orígenes, se pretendía que la nueva catedral sustituyese a la antigua. Sin embargo, varios problemas fueron obstáculos para ello y se vieron obligados a paralizar sus obras en 1578, quedando la catedral vieja a medio derruir. Sus dos fachadas, como ya hemos dicho, pertenecen al Renacimiento y son de estilo plateresco. La portada principal está formada por cuatro cuerpos en los que se encuentran seis calles. La puerta, caracterizada por su ritmo cuervo, va ascendiendo a través de las bóvedas, donde le corona la fachada curva también. Desde ahí se puede vislumbrar cómo el Padre Eterno preside toda la portada y todo el espacio de la plaza. Frente a la fachada principal de la Catedral Nueva destaca la majestuosa fachada de la CASA DEL DEÁN Y DEL DOCTOR TRUJILLO, que debe su nombre al hecho de que en ella vivieron algunos de los deanes de la cercana catedral. Aunque la casa del Dean y del Doctor Trujillo parecen un mismo edificio son dos diferentes, aunque se unieron a principios del siglo XX interiormente para ser la sede del Palacio de Justicia. Aunque ambos son coetáneos. Desde esta ubicación es fácilmente distinguible la unión de las dos catedrales destacando, sobre todo, la presencia de grandes arcos ojivales cegados. Y también la coqueta FUENTE DEL CABILDO, octogonal en piedra, rodeada de naranjos que dan al conjunto una agradable sensación de frescor. Además, formando una de las esquinas de la irregular plaza de la Catedral, nos encontramos con la presencia del edificio que aloja la FUNDACIÓN CULTURAL SANTA MARÍA, anteriormente Hospital de Santa María –que estuvo en funcionamiento como tal desde el siglo XIV hasta el XX– y en la actualidad un centro rebosante de actividad cultural. Ante la fachada está la escultura del ilustre plasentino MANUEL GARCÍA MATOS, afamado folklorista, autor de una antología del folclore musical de España. Desde aquí nos encaminamos hacia la preciosa fachada románica de la CATEDRAL VIEJA, construida entre los siglos XIII y XIV en estilo románico. Este templo católico plasma de manera increíble cómo se produce la transición del estilo románico al gótico. Los fustes y los capiteles de sus columnas pertenecen al románico, mientras los arcos y los ventanales son de estilo gótico. Como ya hemos mencionado con anterioridad, la catedral vieja estaba cerrada al igual que su hermana, la catedral nueva. Al menos, sí pudimos disfrutar contemplando su fachada, un perfecto ejemplo del estilo románico, con sus arcos de medio punto y las clásicas y tradicionales arquivoltas con arcos ligeramente apuntados. Sobre estas se puede observar una hornacina que acoge una escultura tallada en piedra de la Anunciación de Nuestra Señora ante la cual aparece el arcángel Gabriel suplicante. Tras la figura del ángel se puede observar algo parecido a un motivo floral decorativo que nos es sino una sierpe que representa al mal y son las alas del ángel las que lo esconden de la vista de la Virgen. En este punto, nos giramos para encontrarnos con el PALACIO EPISCOPAL, obra iniciada en el siglo XV, a la vez que comienza la construcción de la Catedral Nueva.  Los elementos más destacados del palacio son sus partes visitables, entre los cuales están el patio en el que se puede ver el claustro renacentista de doble altura, los naranjos y los limoneros que ofrecen una reconfortante sombra y una fuente cuyo manantial de agua rompe el silencio que rodea el edificio. Desde aquí nos dirigimos por la calle del Obispo hasta llegar a la calle Trujillo, cuya suave pendiente descendimos hasta llegar a la poderosa PUERTA DE TRUJILLO, que forma parte de la muralla que en numerosas zonas aún rodea la ciudad. En la parte externa de la fachada tiene escudo de los Reyes Católicos. La parte interna de la puerta terminó convertida en la popular ERMITA DE LA SALUD, un pequeño templo barroco de principios del siglo XVIII. La ermita quedó terminada en 1723 como reza una inscripción esgrafiada que hay en la fachada. Luce una cúpula con adornos dorados y unos cuadros ovalados con los cuatro Evangelistas en cada uno de los cuatro ángulos de la Iglesia. Hay un milagro relacionado con esta Virgen. Se cuenta que el domingo 13 de julio de 1654, manó y derramó aceite la lampara, que alumbraba a la Virgen desde la noche del domingo hasta el martes siguiente. Desde ese momento, los habitantes de la ciudad y vecinos de los alrededores acudían a ella en tiempos de pestes a pedir a la Virgen salud. La Virgen no los defraudaba y hacía milagrosas curaciones devolviendo a muchos la salud, por lo que se la comenzó a llamar con este nombre. Ya de vuelta, pasamos ante la fachada de otro hermoso edificio perteneciente a la Fundación Santa María, que alberga, entre otros, el MUSEO ETNOGRÁFICO Y TEXTIL PÉREZ ENCISO. En el patio pudimos contemplar los trabajos realizados por el alumnado de Bellas Artes de la localidad. Frente a su fachada se abre un luminoso espacio escalonado de nombre Plaza de la Salud en cuyo centro se ubica la escultura de MARCELINO SAYANS CASTAÑO, que conmemora la vida y obra de uno de los hombres que mejor ha estudiado la vida de la ciudad. Continuamos nuestro paseo por la calle Blanca desde donde pudimos de nuevo contemplar la espléndida torre de la Casa del Dean y los puntiagudos adornos de los tejados de la catedral. Fue al final de esta calle que viene a morir a la plaza de San Nicolás donde se encuentran las joyas arquitectónicas plasentinas, obviando evidentemente las dos catedrales y su entorno. En primer lugar, el PALACIO DE LOS MONROY o CASA DE LAS DOS TORRES, en proceso de rehabilitación. Data del siglo XIV y es uno de los edificios señoriales más antiguos en la ciudad. En sus estancias se alojaron personajes como María de Monroy la Brava, el rey Fernando el Católico, San Pedro de Alcántara o el cardenal Bernardino de Carvajal. En la actualidad está deshabitado y con conflictos entre sus numerosos propietarios ,aunque se está trabajando en su consolidación y en darle un uso. Es curioso el nombre que recibe de Dos Torres, cuando en realidad solo existe una en la actualidad. Originariamente se trataba de dos edificios unidos en uno a través de su estructura horizontal, con dos torres cuadradas en sus extremos. La única torre visible es la norte, ya que la sur fue derribada en el siglo XIX ante los graves daños que ocasionó en ella el terremoto de Lisboa de 1755. En una esquina de esta plaza, como tratando de no llamar la atención, se abre la sobria fachada de la CASA DEL CARDENAL BERNARDINO DE CARVAJAL, con unas muy poderosas dovelas coronadas por un refinado esgrafiado en el que se disponen los escudos nobiliarios del cardenal. Al otro extremo de la plaza se yergue la maciza figura de la IGLESIA DE SAN NICOLÁS DE BARI, construida en el siglo XIII, siendo considerada como una de las primeras iglesias de la ciudad. Destaca su factura tardo-románica –sobre todo, el de sus dos portadas y el campanario–, aunque su aspecto actual es gótico debido a la última restauración del siglo XV. En su interior nos acogió un señor que se ofreció a mostrarnos todos aquellos elementos destacables del templo. Así, en primer lugar, nos dirigió a una lucerna ubicada en la nave del evangelio cuyo mérito radicaba en la visibilidad del escudo nobiliario emplazado en el centro de la misma y visible desde todos los ángulos. Desde aquí nos llevó a recorrer las tres naves de bellos arcos ojivales en que se divide la planta de la iglesia. Disfrutamos viendo algunos de los retablos de muy hermosa factura y un par de capillas, una en la que se encuentra el enterramiento de Fernando de Loaisa de mediados del siglo XVI, con bóveda de crucería estrellada, y la capilla del obispo de Coria cubierta con cúpula elíptica barroca y la  estatua orante del prelado. Y como broche final, el tesoro más preciado, al menos para nosotros, una excelente pila bautismal  ubicada a los pies de iglesia. En agradecimiento a su pulcra labor le dimos un billete de cinco euros que aceptó satisfecho. Abandonamos el templo por la puerta contraria a la que habíamos entrado y nos entretuvimos un rato fotografiando los delicados capiteles románicos que decoran esta portada. Desde aquí enfilamos la calle Coria hasta llegar a la IGLESIA DE LA MAGDALENA, del siglo XIII, derruida y reconstruida a lo largo de los siglos varias veces. De la planta original del templo solo se conservan dos ábsides de los tres que tuvo. Sin embargo, no pudimos visitarla por encontrarse cerrado el recinto que la acoge –maldito lunes–. Volvimos sobre nuestros pasos y nos detuvimos en la plaza de San Vicente Ferrer para visitar la antigua IGLESIA DE SAN VICENTE DE FERRER, hoy transformada en un reconocido PARADOR DE TURISMO que se articula alrededor de un elegante claustro a cuyo alrededor se ubican las celdas de los monjes, reconvertidas hoy en cómodas habitaciones. Hicimos infinidad de fotos del entorno, complementado de un modo exquisito por una primorosa fuente de piedra que preside el espacio de la plaza. Desde aquí nos acercamos al PALACIO DEL MARQUÉS DE MIRABEL, obra del siglo XIV que aún conserva elementos góticos de esta época. En el exterior destaca la esbelta torre renacentista y el pensil, decorado con lapidas y bustos romanos. Se podía visitar el interior previo abono de la correspondiente entrada, pero no nos atrajo el contenido a visitar y dada la hora que era, íbamos ya necesitando un reconfortante descanso. Así que tomamos la rúa Zapatería buscando la Plaza Mayor. No obstante, nos detuvimos un momento en la plaza Ansano para contemplar una curiosa escultura creada por Antonio Morán y ubicada en un lateral de la misma. El nombre de la misma es ESCENA 3 y en ella podemos ver a un hombre de pie junto a otro con la cabeza enterrada en la arena. El significado de la misma, según el autor, es de total libertad por parte de quien contempla el conjunto escultórico. En esta misma plaza destaca la fastuosa fachada de almohadillado renacentista de la CASA DE LOS CARVAJAL GIRÓN, convertida en la actualidad es un hotel.  Y así fue como llegamos a la PLAZA MAYOR, centro neurálgico de la ciudad. Destacan entre sus edificios singulares la fachada del Ayuntamiento, la llamada “Casa de Chocolate”, edificio restaurado en estilo neogótico en el siglo XIX, y la que se considera como la casa más estrecha de España, un bloque de tres plantas ubicado en la esquina con la calle de los Quesos. Evidentemente nos hicimos la típica foto cogiendo la casa entre los dedos. Salimos de la plaza por la calle de San Esteban y continuamos por la calle Santa Clara hasta llegar a la austera fachada del CONVENTO DE LA ENCARNACIÓN, también llamado de las DOMINICAS, que es el único convento de clausura que queda activo en la ciudad. De nuevo de vuelta hacia la Plaza Mayor nos detuvimos antes para visitar la IGLESIA DE SAN ESTEBAN, templo de origen románico con pocas modificaciones sobre su estructura. Destaca su ábside gótico y el retablo mayor plateresco-barroco. En un altar lateral se puede ver al Cristo de la Buena Muerte. También resulta curiosa la figura del Cristo de los Cordeles. Como curiosidad, en esta iglesia contrajo matrimonio el célebre poeta José María Gabriel y Galán, hecho que se conmemora con una placa de azulejos en la fachada de la misma calle. Salimos del templo y, esta vez sí, nos sentamos en una mesa bajo la sombra del arbolado de la iglesia del “gastrobar extremeño” RINCÓN AMADOR. Pedimos dos cervezas frías que nos sirvieron con prontitud y una sugerente tapa de pollo frito. Como era de esperar, la cerveza a mí me duró poco y pedí una segunda que esta vez vino acompañada de una generosa tapa de patatas bravas. Pocos minutos pasaban de las una de la tarde. 

Tras este breve descanso nos encaminamos hacia el PALACIO MUNICIPAL que, aunque presenta el aspecto de un edificio medieval, en realidad se trata de la reconstrucción llevada a cabo en los años 60 en la que se trató de recobrar la estructura y la fachada que el consistorio tenía en el siglo XVI. La principal curiosidad de su fachada radica en su torre del Reloj y el autómata situado sobre la misma, conocido como “Abuelo Mayorga” y que es uno de los símbolos de identidad de la ciudad. Desde aquí nos dirigimos por la calle Los Quesos donde vimos la refinada fachada de la CASA DE LOS TOLEDO BARRANTES, edificio del siglo XV, que mantiene el enrejado típico de forja en las ventanas inferiores, así como una balconada de estilo italiano en la parte superior. Muy cerca de esta destaca la preciosa fachada de estilo herreriano de la CASA DE LOS GRIJALVA ALMARAZ, una de las muestras más típicas de la arquitectura del siglo XVII que se conserva en la ciudad. A modo de curiosidad, habíamos leído que este edificio es el que representa a Plasencia y la Provincia de Cáceres en el parque temático del Pueblo Español de Barcelona. Continuamos nuestro paseo por la calle Sancho Polo donde pudimos contemplar la bellísima fachada de la CASA DE LAS INFANTAS, otra de las casas señoriales de los siglos XVI y XVII que hoy en día acoge uno de los centros educativos de la ciudad. Esta casa tiene una portada con dovelas y un mascarón en la clave central del arco de medio punto sobre la puerta, que simboliza al “hombre verde”, dios mitológico de origen celta que representa a la muerte y resurrección de la naturaleza. Esta calle finaliza en la plaza donde se encuentra la IGLESIA DE SAN SALVADOR, una de las parroquias primigenias de la ciudad, con una portada mayor es sencilla con arco apuntado y tres arquivoltas, sin decoraciones. Casi enfrente, cerrando una esquina de este irregular espacio se encuentra el CONVENTO DE LAS CARMELITAS DESCALZAS. Continuamos callejeando por esta zona repleta de callejuelas y callejas hasta llegar a la PUERTA DEL SOL, que forma parte del recinto amurallado de la ciudad. Traspasado el arco nos dirigimos hacia la plaza triangular que alberga, por un lado, las letras con el nombre de Plasencia, reclamo turístico para ser inmortalizado en la correspondiente foto, y, por otro, la ESTATUA ECUESTRE DE ALFONSO VIII, erigida con motivo del octavo centenario de la fundación de la ciudad. Es obra del escultor extremeño García Olivares. Y desde aquí enfilamos la calle Alfonso VIII para recoger el coche. Abonamos los cinco euros que habíamos consumido por el aparcamiento y definitivamente pusimos dirección a nuestra residencia en La Cumbre. Evidentemente, nos quedaba otra visita pendiente a esta coqueta ciudad que no pudimos ver en su totalidad. Seguro que volveremos. 


 


domingo, 2 de octubre de 2022

ROMANGORDO, EL ARTE DEL TRAMPANTOJO

Algo después de las ocho y media de la mañana eran cuando bajaba las escaleras camino del salón/cocina. Aún no se había levantado nadie y el silencio solo era roto por el continuo canto de los numerosos pajarillos que realizaban sus vuelos de instrucción mañanera. Minutos después aparecían Biel y Oliver que rápidamente se pusieron a jugar con los innumerables Superthings que juntaban entre los dos. Algo más tarde se unía el resto de los habitantes de la casa. Preparamos un contundente desayuno compuesto de café, leche, tostadas, aceite y fiambre y planificamos lo que íbamos a hacer esa mañana. Después de debatir breves momentos, acordamos que esa mañana visitaríamos una pequeña población situada casi a pie de la autovía A-5 distante unos sesenta kilómetros de La Cumbre de nombre Romangordo, que ya habían visitado con anterioridad Carlos y su familia y que les había gustado mucho. Dicho y hecho. Subimos a los coches y nos dirigimos por una autovía de muy escaso tráfico que no es otra que la que une la ciudades de Cáceres y Trujillo, circulación que aumentó progresivamente una vez nos incorporamos a la autovía que conducía a Madrid. Media hora después dejábamos los coches en un aparcamiento habilitado por el ayuntamiento frente al Centro de Interpretación de la Ruta de los Ingleses, surgida con la intención de dar conocer la batalla de la Guerra de la Independencia que tuvo lugar el 19 de mayo de 1812, en la que los franceses fueron derrotados por tropas inglesas en Lugar Nuevo (término municipal de Romangordo). La celebración tiene lugar el sábado más cercano al 19 de mayo. La ruta consta de 16 kilómetros –de dificultad media– que corresponden al último tramo del recorrido que realizaron 3.500 soldados ingleses antes de derrotar al ejército francés. Evidentemente no hicimos la ruta por falta de tiempo y porque algunos de los componentes de nuestro pequeño grupo no se encontraban motivados para ello.

Nada más comenzar la visita al pueblo nos dimos cuenta de que este enclave de algo menos de 300 habitantes es un verdadero museo al aire libre gracias a su RUTA DE LOS TRAMPANTOJOS. Casi un centenar de estas pinturas fuimos contemplando por las distintas callejas empinadas de la localidad. Y es que no hay rincón del pueblo en el que no esté retratado un oficio, muchos de ellos situados en el mismo lugar donde se ubicaban antaño sus protagonistas: la telefonista, el zapatero o el profesor pintado con sus alumnos en lo que era la antigua escuela. Incluso, los más mayores, fuente de sabiduría local, tienen sus propios murales en la residencia de ancianos. Habíamos leído que detrás de estas obras están los alumnos de la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Chefo Bravo, Sojo y Brea llevan decorando este pueblo extremeño con pinturas desde 2016, cuando, para cubrir un rincón que quedaba vacío y feo, se decidió pintar El rincón del burro. Tuvo tal acogida que se siguieron cubriendo viejas fachadas y cocheras hasta convertirse en la seña de identidad de la localidad. Y este rincón fue nuestra primera aproximación a los trampantojos pues se encontraba muy cerca de donde habíamos dejado aparcado el coche. También nos agradaron sobre manera las numerosas casas típicas de la arquitectura de la zona, con sus porches voladizos y el blanco vívido de la cal deslumbrante bajo los rayos del sol. Y callejeando, callejeando llegamos a la plaza de España, donde se ubican los dos centros de poder de la localidad: el ayuntamiento y la iglesia. La plaza, un amplio espacio diáfano castigado por el sol, nos ofrece dos grupos de esculturas donde unos niños practican juegos compartidos de antaño. El AYUNTAMIENTO no presenta ningún elemento destacable, si acaso su tamaño. La IGLESIA DE SANTA CATALINA, por su parte, es un edificio del siglo XV de mampostería reforzada con sillares de granito en las esquinas y fachadas. Tiene una apariencia modesta con escasa decoración. Presenta tres sencillas portadas simples de arcos de medio punto, una de ellas tapiada. Habíamos leído que este templo de una sola nave cuenta con un artesonado mudéjar de los mejores de la comunidad extremeña, pero evidentemente artesonado que no pudimos ver porque la iglesia se encontraba cerrada al culto porque presenta una serie de deficiencias estructurales que afectan a su cubierta y suponen un elevado riesgo de posibles desprendimientos. Concha y los niños –Biel y Oliver– estuvieron un rato jugando en la plaza, imitando los juegos de las esculturas infantiles: el corro de la patata o el salto del borrucho –así se llamada en mi lejana infancia–. Desde aquí los dirigimos hacia el único bar del pueblo, el BAR-CAFETERÍA CENTRO SOCIAL, situado junto a las espaldas del ayuntamiento. Las paredes que rodeaban las mesas de la terraza del local rememoraban la cercana escuela con alusiones a los escolares sentados en sus pupitres atendiendo las palabras del maestro, así como pequeños textos de Antonio Machado o Federico García Lorca relacionados con el mundo escolar. En una mesa de la terraza nos sentamos y pedimos cervezas y refrescos que nos sentaron de maravilla, dada la hora que era –algo más de las una y media de la tarde–. Pedimos también una ración de oreja, otra de croquetas y un bocadillo de pechuga de pollo para compartir. Los niños se decantaron por unas hamburguesas con patatas fritas. Repuesto el ánimo, emprendimos regreso hacia los coches, no sin antes pasar antes los dos murales más impactantes bajo nuestro punto de vista: el primero, un grupo de mujeres sentadas al fresco en la puerta haciendo labores de costura acompañadas de un señor que está trabajando en el asiento de anea de una silla; y el segundo, que hace referencia a la violencia de género y que sobrecoge por su realismo. En él se muestra a una mujer, que dicen es la madre del autor, con una paloma de papel y las palabras «valientes, iguales y libres» escritas en ella. Con ello dimos por finalizada la visita a esta encantadora localidad muy cercana al Parque de Monfragüe.